El castrismo nos saca de las cuevas para meternos en contenedores
LA HABANA.- En los sistemas totalitarios de corte marxista-estalinista, ya se sabe, hay escasez de todo lo imaginable. No puede ser de otro modo: la batalla constante de los ciudadanos por la subsistencia diaria, más que uno de sus pilares fundamentales, es un requisito indispensable para su perpetuación. Así, cuanto más vital sea un artículo, bien o servicio, mayor será su escasez. Y si de bienes esenciales se trata, nadie lo duda: después del alimento y el vestido, disponer de viviendas —o siquiera de un techo donde guarecerse— es primordial para cualquier ser humano desde que abandonamos la seguridad de la cueva.
En consonancia con lo anterior, en la Cuba de los Castro resulta harto difícil para la mayoría acceder a una vivienda propia. En un país que no hace mucho acogía a unos once millones de habitantes, el fondo habitacional existente en el año 2025 apenas superaba los cuatro millones de viviendas. De ellas, el 65 % fue clasificado oficialmente como “en buen estado técnico”, mientras que el restante 35 % se encontraba en estado regular o malo. Estas últimas, por cierto, se incrementaron en más de 6 000 con respecto a 2024.
También para 2025, datos oficiales situaban el déficit habitacional en la conservadora cifra de 805 583 viviendas. De acuerdo con el Ministerio de la Construcción (MICONS), durante ese año se edificaron únicamente 2 728, lo que se traduce en un crecimiento anual del 0,1 %. Una cifra despreciable donde las haya, sobre todo para una población ya sangrada por las puñaladas del hambre, la insalubridad, la persecución política y económica........
