El dolor me ha hablado de amor
Para las tragedias hay memoria corta. Excepto en el caso de quienes, infelizmente, las protagonizan. Esos que son los dueños del dolor; los que perdieron algo, alguien, todo; los que sintieron en el cuerpo propio la desgracia, no olvidan tan rápido. A veces no olvidan nunca.
El algoritmo catapulta la tragedia, la difunde, la explota y, muchas veces, la tergiversa. Todos quieren saber qué pasa y cómo; es lo natural. Si hay quienes buscan que crezcan sus números en redes, otros de buena voluntad informan, hacen de puente, ayudan. Pero mientras pasan los días, el furor se va apagando. Y los protagonistas de la tragedia quedan solos, quizá cuando más falta hagan los focos.
Ante tanto sufrimiento que se repite en el mundo, debería ser deseable esa «insensibilidad» de los profesionales que lidian a diario con la enfermedad o la muerte, y que –lejos de deshumanizarlos– les permite seguir salvando. Pero para quienes no tenemos ese entrenamiento, la realidad es bien distinta: nos afecta.
De este lado de la pantalla, Venezuela........
