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La farsa del alto al fuego en la Franja de Gaza

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friday

En un edificio de varios pisos bombardeado en el barrio de Tal Al-Hawa, en la ciudad de Gaza, mi amigo Anas, su esposa y su hija de tres años, se refugian en un apartamento de la primera planta sin puertas ni ventanas. La mayoría de las paredes se han derrumbado total o parcialmente, junto con gran parte del techo del salón. En el centro del suelo hay un profundo agujero excavado por una bomba israelí de 900 kilos que no llegó a detonar.

El edificio está acribillado a balazos. Las dos plantas superiores fueron bombardeadas y atacadas repetidamente por tanques y drones israelíes, y la planta baja ha quedado casi completamente destruida. La escalera ya no conecta con las tres plantas superiores, lo que deja la construcción en riesgo de derrumbarse en cualquier momento. Por ahora, sigue en pie en medio de un mar de edificios totalmente arrasados.

No hay electricidad, ni agua corriente, ni alcantarillado, ni baños que funcionen. Por la noche, Anas duerme con un ojo abierto para vigilar a las ratas y demás roedores que podrían morder a su hija. Moscas, mosquitos y cucarachas también deambulan por el edificio, anidando en las tuberías de alcantarillado destruidas, o bajo las enormes cantidades de escombros. Durante el día, Anas y su esposa pasan el tiempo buscando trabajo o ayuda humanitaria; sus éxitos son dolorosamente escasos, y apenas suficientes para mantenerlos con vida.

Durante toda la jornada les persigue el zumbido incesante de los drones israelíes que sobrevuelan sus cabezas, listos para disparar a matar, así como los sonidos de explosiones, ametralladoras y los trabajos de demolición que tienen lugar detrás de la “Línea Amarilla” –la frontera en expansión que marca la ocupación directa por parte de Israel de más de la mitad del territorio de Gaza, que está arrasando sistemáticamente–.

Esta es, de hecho, la vida de una de las familias más afortunadas de Gaza, ya que al menos tienen un techo sobre sus cabezas. Más de seis meses después de que se firmara el llamado “alto el fuego”, la mayoría de los palestinos de la Franja siguen viviendo en frágiles tiendas de plástico que se inundan cuando llueve, atrapan el calor sofocante en su interior cuando el sol brilla con demasiada intensidad y corren el riesgo de ser arrastradas por vientos moderados.

Mis amigos, familiares y colegas sobre el terreno han estado dispuestos a soportar esto siempre y cuando creyeran que se trataba de una prueba temporal en el camino hacia un futuro mejor. Sin embargo, cada vez asimilan más la cruda realidad de que no se vislumbra un final a las condiciones deliberadamente insoportables que Israel ha impuesto a Gaza.

El hombre encargado de supervisar el proceso de desarme ha planteado nuevas exigencias a Hamás que parecen diseñadas para ser imposibles de aceptar

El hombre encargado de supervisar el proceso de desarme ha planteado nuevas exigencias a Hamás que parecen diseñadas para ser imposibles de aceptar

Con la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán acaparando la atención de los medios de comunicación mundiales y a toda la diplomacia, y frenando de hecho el “plan de paz para Gaza” del presidente Trump, el enclave asediado ha quedado prácticamente fuera de la agenda mundial: los gobiernos occidentales y regionales le han restado prioridad y ya apenas se menciona en los principales medios de comunicación. Pero, entre bastidores, han continuado las conversaciones sobre la cuestión del desarme de Hamás.

Tanto el Gobierno israelí como la Administración Trump han presentado sistemáticamente esta cuestión como el principal escollo para cualquier nueva retirada israelí, ocultando el hecho de que el propio Israel no ha cumplido sus compromisos fundamentales en virtud del acuerdo. Y en las últimas semanas, el hombre encargado de supervisar el proceso de desarme ha planteado nuevas exigencias a Hamás, alineadas con Israel, que parecen diseñadas para ser imposibles de aceptar, torpedeando así deliberadamente el alto el fuego y permitiendo que Israel continúe su genocidio sin cesar.

De las promesas incumplidas al desarme total

En la primera fase del alto el fuego, Hamás acordó liberar a todos los rehenes israelíes restantes a cambio de la liberación de prisioneros palestinos, la retirada de las fuerzas israelíes a la Línea Amarilla y el cese inmediato de “todas las operaciones militares”.

A continuación, se suponía que Israel facilitaría la entrada en Gaza de una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF) y del Comité Nacional para la Administración de Gaza (conocido por sus siglas en inglés como el NCAG), un mínimo de 600 camiones de ayuda al día, y 200.000 tiendas de campaña junto con 60.000 viviendas temporales. A partir de ahí, se suponía que darían comienzo las negociaciones para la segunda fase del alto el fuego, que incluye nuevas retiradas israelíes y el desarme de Hamás.

Desde que comenzó el alto el fuego, el ejército israelí ha matado a más de 750 palestinos, ha seguido restringiendo el flujo de ayuda y ha bombardeado Gaza por tierra, aire y mar

Desde que comenzó el alto el fuego, el ejército israelí ha matado a más de 750........

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