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La nación apagada

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13.03.2026

Una señora de unos sesenta años, llamémosle Iris, va hasta el balcón. Parece más vieja de lo vieja que es y tan cansada como realmente lo está. Mira hacia las casas al otro lado de la calle. En una azotea a su izquierda, una vecina, nombrémosla Mabel, tiende unas sábanas manchadas de amarillo. Se mueve con parsimonia, como quien le pesan los huesos. Alisa la tela con cuidado. Usa luego el reverso de la mano para secarse el sudor acumulado. 

– Oye, se cayó el SEN – le grita Iris. 

– ¿Otra vez? – Mabel no se sorprende, no se altera. Su tono de voz no denota desespero, más bien agotamiento – Yo había dejado unos frijoles en la olla de presión para ablandarlos cuando quisiera venir la corriente. Ahora tendré que encender el carbón. 

Con el índice y el pulgar se acaricia los ojos, como a quien le duele la realidad circundante. Agarra una funda de almohada en una cesta a sus pies, unos palitos de tender enganchados en la pechera de su blusa y regresa a su labor. Iris, por otra parte, desde su atalaya observa a otro vecino acabado de asomar por la puerta de su casa. 

– Oye, se cayó el SEN – le avisa. 

El hombre no responde. Solo se encoge de hombros. Seis veces en dos años falla el Sistema Electroenergético Nacional (SEN). No va más allá de otra tarde soleada y densa en una Isla apagada.

Cerca de la una del mediodía, los medios oficiales y algunos periodistas anunciaron en sus redes la caída de la red eléctrica en la mayor parte del país. Las provincias del centro y del occidente quedaron sin servicio por completo. Más adelante se sabría la causa. La Antonio Guiteras, nuestra más potente Central Termoeléctrica (CTE), sufrió un incendio en la caldera. Al salir de imprevisto el, de por sí inestable, sistema dio fallo. 

El incidente no solo afecta a las Iris o las Mabel, también a hospitales donde se hallan, por ejemplo, pacientes conectados a máquinas de soporte vital. Entonces los centros de salud deben recurrir a grupos electrógenos para los cuales escasea el combustible. 

Ello significa imposibilidad de comunicarse con las ínfimas ambulancias en existencia, con la policía, con los bomberos, con los amantes

Ello significa imposibilidad de comunicarse con las ínfimas ambulancias en existencia, con la policía, con los bomberos, con los amantes

La telefonía móvil e incluso la fija, insuficiente ya, desaparece casi por completo. Los intentos de llamada ni siquiera alcanzan ese momento donde una voz neutral comenta, “el número (…) está apagado o fuera de servicio”. Las rayas de cobertura, sencillamente, no están cuando revisas la pantalla del celular. Ello significa imposibilidad de comunicarse con las ínfimas ambulancias en existencia, con la policía, con los bomberos, con los amantes. 

En las primeras desconexiones se asustó el pueblo. Hubo una especie de pánico colectivo. Rondó la sensación de tocar fondo; sin........

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