Los ojos del presente
Preferiría no tener que escribir este artículo, pero como se ha vuelto un lugar común de la época repetir que no debemos acercarnos a los hechos del pasado con la mirada del presente, que no debemos caer en el “sesgo presentista” o “presentismo”, y como parece que esa afirmación de sospechosa pertinencia epistemológica se ha convertido en incontrovertible, me veo conminado a alzar la voz para negar la mayor.
Solo a través de las herramientas conceptuales, metodológicas y materiales disponibles y válidas en el presente (en cada “presente”, su paradigma) podemos acceder a esa masa informe que llamamos pasado. Pensar que podemos construir un relato sobre el “pasado” desde otra perspectiva que no sea la del “presente” es en sí mismo un disparate de orden metafísico. Tanto el presente como el pasado son entidades dinámicas que se van desplazando con el “correr del tiempo”. Entiendo que la historia como disciplina científica se ocupa, entre otras cosas, de los efectos que producen estos desplazamientos. Podemos analizar la manera en que el Romanticismo estudiaba el Imperio romano, o la forma en que desde el Renacimiento se acercaban a la Grecia clásica. Sin embargo, la fantasía de que podemos, hoy, más allá de los experimentos académicos, mirar al pasado “con los ojos del pasado”, es tan disparatada como........
