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Una casa con dos pilares

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21.02.2026

Las previsiones de principio de año son ya una costumbre. Todo el mundo intenta hacerse una idea, más o menos certera, de cómo será el ejercicio al que nos enfrentamos. Sabemos que es imposible conocer el futuro con precisión, pero el análisis sirve, al menos, para descartar situaciones extremas. En 2026, sin embargo, el problema es otro: cuesta eliminar escenarios que se alejan del consenso y, aun así, son plausibles.

Tomemos, por ejemplo, Europa. 2026 debería ser el año en el que tendríamos que ver el impacto positivo de las políticas fiscales expansivas. El fondo de 500.000 millones de euros que Alemania va a inyectar gradualmente a su economía (amén del gasto en defensa del resto de países europeos) debería empezar a relanzar el crecimiento y a estimular una demanda interna que lleva demasiado tiempo anestesiada.

De la geopolítica a los mercados

Sin embargo, muchas cosas pueden salir mal. Europa, y en especial Alemania, es una economía abierta, y por mucho dinero que inyecte el gobierno, si la demanda global no se recupera, el cuadro puede quedar incompleto. Además, el tipo de cambio vuelve a ser un factor clave. La fortaleza del euro penaliza el incremento del PIB, al tiempo que añade presiones deflacionistas. Esta circunstancia, ignorada hasta hace poco, abre una pequeña ventana a nuevas bajadas de tipos en la eurozona. Por ahora es un escenario improbable (el mercado descuenta apenas un 25% de posibilidades de ver una bajada de tipos), pero ya es una situación que se incorpora a la discusión. Es solo un ejemplo de la incertidumbre que atraviesa el mercado estos días. La volatilidad de la renta fija se ha desplomado y quizá no sea por la claridad del........

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