Una chanza muy seria
Una chanza muy seria
Autor(es): Tania Chappi
Este julio se cumplen 124 años del nacimiento y 37 del deceso de un intelectual cubano cuya lengua ocurrente estuvo al servicio de la literatura y la prensa
Tenía 21 años, imaginación, amor por el periodismo (más algunos conocimientos, gracias al quehacer reporteril ejercido por su padre) y audacia. Era, de acuerdo con sus propias palabras: “un joven inconforme” y acababa de perder su puesto de oficinista en el Ayuntamiento de Camagüey. Aceptó la oferta de Walfredo Rodríguez, director de El Camagüeyano, y a partir del 20 de marzo de 1924 entró al edificio del rotativo como un miembro del equipo.
Intento imaginar el modo en que, con su carácter jovial, saludaba a todos en la redacción y los talleres, ubicados en el edificio número 3 de la calle Finlay. Los pasos ágiles sobre la escalera hacia la segunda planta, donde esperaban su texto de la jornada.
Feliz estaba Nicolás Guillén por haber dejado atrás un empleo no satisfactorio, asumido por necesidad, para sostener a la familia. Este se había limitado –de tal manera lo rememoró en el libro autobiográfico Páginas vueltas– a “copiar resoluciones y decretos […] que embargaban estúpidamente todo mi tiempo”.
Apenas cinco días después de su entrada al diario, a la labor como corrector de planas sumó la escritura de la columna Pisto Manchego, a cargo hasta entonces del periodista español M. Santoveña, pero cuyo lenguaje no lograba convencer a los empleadores, pues -según sus criterios- además de concatenar los anuncios publicitarios mediante un relato sobre un tema cualquiera, “en ella era preciso hablar en cubano”.
Enseguida el veinteañero logró captar el interés de los lectores. Una comedia modernista se publicó el 25 de marzo. Asunto: la supuesta asamblea de unos funcionarios enfrascados en debatir sobre la pertinencia de los banquetes públicos. El objetivo del encuentro se diluye entre constantes alusiones a artículos de escritorio, cigarros, servicios funerarios, establecimientos que fabrican o venden refresco, panes, otros alimentos, ron, vinos, zapatos, camas, ropa. Así concluye la sesión:
“EL PRESIDENTE: Yo pido pues, queridos compañeros, que desde hoy nos constituyamos en comité de protesta contra esa costumbre que ridiculiza al cubano y desvía sus actividades del más alto empeño. ¿Qué dicen ustedes?
“LA ASAMBLEA EN PLENO: ¡Que nos constituyamos!
“EL PRESIDENTE: ¿Hay algún miembro de este comité que quiera hacer uso de la palabra?
“JUAN TRIPA, VOCAL: Yo, señor presidente […] para proponer, queridos compañeros, que en señal de afecto le demos ‘una comida’ –entiéndase bien que no quiero decir ‘banquete’– a nuestro talentoso, activo y popular presidente. ¡Podemos poner a........
