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Un hombre inolvidable, dos narraciones

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19.05.2026

Un hombre inolvidable, dos narraciones

Autor(es): Tania Chappi

Segunda parte del dosier Niños y jóvenes evocan al Maestro

BOHEMIA ofrece una pequeña muestra de los textos y dibujos premiados en la XXVI edición del concurso Leer a Martí, el cual es auspiciado por el Ministerio de Cultura, la Biblioteca Nacional José Martí y otras instituciones: culturales, educativas, políticas.

En su relato, María Fernanda no coloca al patriota sobre un pedestal, lo presenta como un hombre de carne y hueso, con sus dolores, esperanzas. Por su parte, Evelyn imagina un encuentro con personajes de La Edad de Oro.

El Martí que me visitó en sueños

(María Fernanda González López, 16 años, Pinar del Río).

Era una noche de abril, y el viento olía a tinta vieja y a tierra mojada. Había pasado horas leyendo “Los versos sencillos” hasta que las letras se me borraron en el cansancio. Fue entonces en ese límite entre vigilia y el sueño cuando él apareció.

No como la estatua de las plazas, fría y distante, sino como un hombre de piel tostada por el sol caribeño, con los ojos llenos de esa tristeza dulce que tienen los que aman demasiado.

–¿Tú eres el muchacho que quieres escribir sobre mí? –preguntó, y su voz sonó como el rumor de las olas en la playa de noche.

Asentí, avergonzado de mis palabras torpes, de mis dudas de 18 años.

Martí se acercó y puso su mano sobre la mía, la misma que empuñó plumas y machetes, y sentí que el tiempo se detenía.

–No me escribas como a un santo sino como a un hombre que tuvo miedo y lo venció… como a un niño que soñó con palomas y despertó en una guerra.

De pronto, estábamos en un campo abierto. Era Cuba, pero una Cuba hecha de versos: los ríos corrían con tinta, los árboles tenían hojas de manuscritos, y en el cielo brillaban estrellas con formas de letras. Martí señaló al horizonte:

–Mira bien. Esto es lo que defendí: no era tierra, sino patria, no historia, sino alma.

Cuando quise responder, comenzó a desvanecerse. Intenté retenerlo, pero solo alcancé a agarrar un puñado de luz y entonces desperté.

Sobre mi mesa, la hoja en blanco ya no estaba. En ella, con letra que no era mía decía:

No me busques en los libros de historia.

Búscame en el niño que lee bajo su árbol, en el joven que escribe con rabia y esperanza, en el futuro que tú mismo construirás.

Porque yo no soy el pasado, muchacho: soy la semilla que planto en tu mano.

Y hoy, cada vez que escribo, siento que su rosa blanca florece otra vez entre mis dedos.

Martí está en todos los tiempos

(Evelyn C. Borges Rodríguez, 14 años, Santiago de........

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