Miércoles sin gatos
Autor(es): Tania Chappi
Realmente no soy una amante de esos mamíferos adorados en el Egipto de los faraones. Sigo sin comprender a quienes se enternecen al ver a un minino acicalarse, o se derriten al admirar las manchas del pelaje y cómo se desplazan. Tal vez para esas personas representa un pasatiempo relajante, similar a cuidar una pecera; o equivalente al placer de acariciar a un tigre en miniatura (frase atribuida a Víctor Hugo). A ellas no les molesta, más bien disfrutan, percibir en los muebles y hasta en las sábanas y en las fundas de las almohadas el olor penetrante de sus mascotas.
Sobre los gatos se han escrito fábulas e incontables frases, poemas. Muchos inspirados en la independencia y donaire de esos felinos. Pablo Neruda escribió: No hay unidad / como él, / no tienen / la luna ni la flor / tal contextura: / es una sola cosa / como el sol o el topacio, / y la línea elástica de su contorno / firme y sutil es como / la línea de la proa de una nave.
Y según Jorge Luis Borges:
No son más silenciosos los espejos / ni más furtiva el alba aventurera, / eres, bajo la luna, esa pantera / que nos es dado divisar de lejos.
Pero no todos estamos dispuestos a adorar sin límites. Conocí a una muchacha cuyas relaciones amorosas fracasaban por culpa de sus ahijados. Tenía la vivienda repleta de gatos, eran los dueños de sillones, butacas, la mesa del comedor, el baño, la cama. Pocas parejas logran aguantar algo así y no plantear la disyuntiva: “¡O ellos o yo!”.
Sin embargo, reconozco el gran servicio que esa especie proporciona a los seres humanos. Aunque Walt........
