Maquiavelo en el siglo XXI
A Nicolás Maquiavelo se le atribuye, sin mucho o ningún conocimiento de su vida y de su pensamiento, toda maldad que pueda desatar y protagonizar cualquier político en las alturas del poder, como algunos acostumbran decir, ya sea que encabecen un régimen abiertamente dictatorial y fascista o uno de apariencia moderada y democrática, como se pudiera ejemplificar al estudiar concienzudamente la historia particular de cada una de las naciones que conforman Nuestra América-Abya Yala-Améfrica Ladina (lo mismo valdrá para los demás continentes) y que, a lo largo de la presente década, pareciera excederse, teniendo como su principal referente lo que sucede en Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump. Adentrándonos en pleno siglo XXI, observamos con cierto aire de naturalidad cómo el capitalismo ha adoptado unas nuevas formas de explotación, de manipulación ideológica, de destrucción y de muerte que han erosionado enormemente los valores que cimentaron durante más de cien años el concepto de la democracia. Este momento histórico -pese a las particularidades de época, costumbres y sociedad- pareciera revitalizar lo expuesto por Nicolás de Maquiavelo en su obra cumbre, «El Príncipe», aunque lo hecho por las nuevas clases políticas, tecnócratas y financieras del mundo para ampliar y consolidar su hegemonía difiera algo en métodos, no así en cuanto a objetivos, con lo descrito por el político y filósofo florentino en su controvertido libro. Como muchos especialistas agudos de la vida y obras de Maquiavelo lo han determinado, leer a Maquiavelo genera una confrontación entre lo que es la política real y las ficciones normativas acostumbradas desde siempre.
Víctima del manido adagio de «el fin justifica los medios»,........
