La estupidez, el alimento de la democracia burguesa
No se por qué razón cada vez que se realiza el final de la copa del mundial de fútbol algún mecanismo cerebral transporta a mi pensadora la palabra estupidez. Es la oportunidad de ver y escuchar millones de personas gritando al unísono en el estadio, plazas, hogares, restaurantes, hasta en los buses de algún fanático mirando el celular, todos como posesos, como verdaderos dementes. Esto sucede cada vez que un jugador, quien gana buen dinero, quien no es pariente ni amigo de los fanáticos, golpea la bola para meterla dentro del arco o la red. Tales actos crean una especie de locura general que provoca un síndrome de trastorno colectivo, como si esta acción apologética fuera un acto heroico digno de resaltar en un libro de historia. Debo destacar que estos juegos generan buenos dividendos tanto al jugador, tal como lo referí anteriormente, así mismo, a los dueños de los equipos, como a los directivos de la FIFA y a uno que otro comerciante, pero a los fanáticos solo le queda el recuerdo de un entusiasmo desaforado. No cabe duda, el equipo ganador no representa a ningún país, más que todo encarna a la empresa que contrata a la oncena de jugadores. Esto se debe a que el fútbol, más que un deporte es un buen negocio.
Desconozco la explicación del trastorno que produce a millones de fanáticos estos objetos esféricos, grandes o pequeños, que los participantes en la gesta lo mueven de un lado para otro en una cancha, en un estadio, en una mesa, como si las pelotas de voleibol, basquetbol, golf, tenis, ping pong, béisbol tuvieran vida. Son juegos o deportes que mantienen alelado a un público que se despierta cuando uno de los jugadores realiza una jugada valedora de un premio la cual desata un estado de júbilo colectivo. Este va acompañado con alaridos y gestos de un energúmeno, como si el fanático fuera el dueño del equipo. No tengo la menor duda que la única explicación a estos comportamientos irreflexivos es la de una estupidez colectiva. Esta se apodera de la mente de los exaltados que los conduce hacia un momento de embriaguez que no se corresponde con los estados normales de una persona plena de cordura.
Indubitablemente, la estupidez está presente en una gran mayoría de las personas que habitan el planeta tierra y tal como las actitudes de los fanáticos descritas en los párrafos anteriores, del mismo modo, sin tener explicación de sus actos, se comportan los electores en la participación del sufragio. Para probarlo bastaría hacer una prueba, convendría hacerle tres........
