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La brújula y la coartada: a propósito de la «flexibilidad táctica» y otras formas de la constipación intelectual

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05.05.2026

Es común admitir que las épocas de crisis combinan una profunda confusión en las acciones con una severa escasez de ideas para entenderlas. Ante el vértigo, muchos miran al pasado en busca de un bastón teórico que les permita no caer. Pero no todos los bastones son firmes. Algunos son de cartón pintado.

Recientemente, ha circulado con insistencia en los debates venezolanos una propuesta analítica que pretende ofrecer una «brújula descolonial» para navegar el presente. Me refiero a las tesis de Ramón Grosfoguel sobre la necesidad de un «pacto con flexibilidad táctica sin ingenuidad estratégica», enunciadas a propósito de los acontecimientos posteriores al 3 de enero.

En apariencia, se trata de un llamado a la audacia lúcida, a medio camino entre el idealismo suicida y el pragmatismo entreguista. En la práctica, sin embargo, oculta los mismos vicios que denuncia: una tendencia peligrosa a justificar cualquier concesión como si fuera una maniobra superior, y una incapacidad para nombrar los hechos por su nombre.

Procedamos, pues, a desmontar sus postulados. No por el placer de la diatriba, sino porque, como decía el viejo Marx, no se puede combatir la realidad con altares conceptuales vacíos.

Primer postulado: «La asimetría de poder exige retiradas tácticas»

Grosfoguel nos recuerda que Lenin firmó Brest-Litovsk, que Mao se replegó a Yan’an y que Chávez dijo «por ahora». La historia le da la razón en un punto: negar la correlación de fuerzas es una forma de suicidio político. Pero aquí aparece la primera trampa: no toda retirada es una maniobra leninista, y no todo repliegue táctico es reversible.

Lenín, cuando firmó la paz vergonzosa con el imperio alemán, dedicó páginas enteras a explicar por qué lo hacía. No ocultó que era una derrota. No la vistió de triunfo. Y, sobre todo, no entregó los puestos de mando económicos. Mantener el control de la banca, la gran industria, el comercio exterior y la tierra fue la condición que le permitió, años después, pasar de nuevo a la ofensiva.

Pregunto entonces: ¿qué puestos de mando se mantienen en el escenario venezolano actual? Si revisamos los instrumentos legales aprobados después del 3 de enero, encontramos que el control operativo de la industria petrolera se ha diluido, que el comercio exterior se ha privatizado de hecho, que el arbitraje internacional vuelve a ser una espada sobre la nuca de cualquier intento futuro de recuperar soberanía, y que las cláusulas de estabilidad........

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