Apocalípticos e Integrados, ayer y hoy
Reparar la confianza social, restaurar el valor y la eficacia de la comunicación, elevar el rol de la palabra como puente ético. Desafíos que, en medio del vértigo al que nos somete la cuarta revolución industrial, dialogan con los diagnósticos culturales que antes ya han barajado afilados pensadores como Eco, Arendt, Habermas. En este sentido, la impactante encíclica del papa León XIV, Magnifica Humanitas, conecta estas preocupaciones previas con las “res novae”, las “cosas nuevas” que el siglo ventila en materia del relacionamiento humano en polis cada vez más fragmentadas, cada vez más huérfanas de conducción constructiva.
Abordada no como condena fatalista contra la tecnología sino como recordatorio de lo esencial -la visión antropológica que debe guiarla-, la reflexión del ciudadano Prevost ante el avance de la AI generativa y la automatización del lenguaje anticipa riesgos muy claros. Presos del síndrome de Babel, piezas auto-incomunicadas, islas que no se vinculan a pesar de habitar terrenos comunes, los individuos estarían viendo cómo la profundidad de su existencia se reduce a la dilución en meros datos, en el flujo ininterrumpido de cálculos e intercambios mercantiles. Cuando la comunicación digital se deshumaniza, advierte la encíclica, el otro deja de ser un interlocutor; si la palabra pierde su capacidad de revelar quiénes somos, desaparece la pluralidad arendtiana, la base de la vida democrática.
El debate público al respecto, por cierto, suele polarizarse de modo similar al que marcó la década de los 60. En Apocalípticos e Integrados, por ejemplo -agudo análisis epistemológico sobre la reacción de los intelectuales ante las mutaciones tecnológicas y mediáticas, y texto de obligada referencia para los especialistas en comunicación- Umberto Eco advertía sobre dos posturas encontradas, ambas metodológicamente deficientes. Por un lado, la de quienes ven en la tecnología la muerte inevitable de la cultura y la comunicación auténtica. Por otro, la de optimistas que celebran de forma acrítica cada innovación, asumiendo que el mercado y las máquinas se........
