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¿Espectadores o arquitectos del cambio?

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07.09.2026

El 28 de agosto Trump anunció lo que llamó «el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial»: un pacto que otorga a EE. UU. el control mayoritario sobre más de 65 mil millones de barriles de reservas probadas de petróleo en Venezuela, mediante concesiones a 100 años otorgadas a la empresa NABEP sobre 17 campos petroleros. Al día siguiente, Delcy Rodríguez lo calificó de «histórico» y aseguró que Venezuela «conserva la propiedad y la soberanía» sobre sus recursos. En cuestión de horas, el país se dividió entre quienes hablaban de una oportunidad irrepetible y quienes, desde calles opuestas (no sin razón), calificaban la transacción de temerario entreguismo. ¡Ah! La soberanía desfiló también como divisa que antes algunos sacrificaron sin mayor escozor, y que esta vez agitaron con llamativa vehemencia.

En medio del ruido y la opacidad informativa, el debate público venezolano ha vuelto a plantear las preguntas erróneas: cuánto más está dispuesto a hacer Washington por el país, cuánta presión ejercerá, cuándo llegarán las elecciones, qué tan generoso será el próximo tramo de licencias de OFAC. Son apuros quizás comprensibles luego de ocho meses en los que EE.UU. ha operado, sin disimulo, como el actor con mayor poder de decisión sobre el destino inmediato de Venezuela. Tras la instalación de la mesa de negociación, la dosis de realidad ha sido particularmente intensa, de hecho: según opinaba un dirigente opositor para un reportaje de El País, “no sólo el chavismo está tutelado. Ha sido muy duro comprobar en carne propia que nosotros también lo estamos, que nos están imponiendo decisiones”.

¿Hacia dónde debe apuntar entonces la discusión? En momento que hace equilibrios entre la posibilidad de una democratización genuina o la reconfiguración de un autoritarismo con nuevo patrocinador, diríamos que lo útil será discernir que hará la oposición con las discretas aperturas que se han concretado hasta ahora. Más que preguntarse qué entregará Washington, importa saber qué se construirá desde Caracas. Pese a los recelos que genera la situación, parece seguir abierta una ventana real; sin embargo, ninguna teoría seria anticipa que una transición pueda consolidarse por sustitución, con un actor externo haciendo el trabajo que corresponde a los actores domésticos. Siempre que no se lesionen los intereses nacionales del “gendarme” del hemisferio -el realismo de la geopolítica actual es implacable, y el involucramiento de la empresa de Betancourt en el acuerdo lo certifica- la compleja relación con Washington puede seguir generando oportunidades,........

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