Los viajes de Yolanda
Los viajes de Yolanda
Nunca le agradeceremos bastante a Pablo Iglesias haberla enchufado de sucesora: se ha cargado ella sola a toda la extrema izquierda
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¿Cómo resistirse a la alquimia de Hollywood? ¿Cómo perderse la ceremonia de los Oscar si, además, viajas por la cara? Hay que entender a Yolanda Díaz, encapsulada en la fase de «para lo que me queda en el convento, me …» Conviene aprovechar, pues, las ... oportunidades. Edgar Neville nos legó páginas estupendas de su periplo por allí. Alternó con la Pickford y con Fairbanks, e incluso trabó fértil amistad con el mismísimo Chaplin. Blaise Cendrars, entre otros, también nos dejó unas crónicas estupendas reunidas en un curioso volumen titulado 'Hollywood, la meca del cine'. Tres jornadas tres estuvo nuestra vicepresidenta por allá, pero, de momento, no consta que nos conceda un par de articulillos narrando la visita.
Un pena, pues compartir espacio con la aristocracia progre del lugar debería de hidratar la inspiración. Cuando criticas su viaje, pagado gracias al bolsillo del contribuyente, los defensores de la vice replican que Rodrigo Rato también se sumergió bajo el peñazo de esos mismos galardones. Ya, pero Rato es un representante del capitalismo que marchó en peregrinación como de Tío Gilito hacia la cumbre del libre mercado. Nuestra Yolanda, en cambio, finge amar al pueblo llano y, en principio, lo suyo sería huir de esos lugares donde prima el fulgor de limusinas como de lobo de Wall Street. Sin embargo su pasión viajera resulta deslumbrante. También marchó a Cannes, a Massachusetts y a los Alpes, destinos que no militan en el bando de los precios asequibles para los que sufren el fin de mes. Por coherencia, acaso por ceñirse al postureo, interesaría que veranease en Benidorm (soy muy fan de Benidorm), en Gandía, en Torremolinos, o sea, en cualquier playa populosa que alimenta las ensoñaciones de la clase media que vacaciona en plan familia Cebolleta, comiendo arroz con cosas sabiamente regado de sangría de tetrabrick y cenando esférica y chiclosa pizza de supermercado recalentada con amor. Nunca le agradeceremos bastante a Pablo Iglesias haberla enchufado de sucesora: se ha cargado ella sola a toda la extrema izquierda. Pero, eso sí, que le quiten lo 'viajao'.
