El vuelo rasante de 'la Pájara'
El vuelo rasante de 'la Pájara'
Todas estas misiones en zona de guerra no están pasando por el Congreso ante el temor de Pedro Sánchez a ir por lana y salir trasquilado
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En plena efervescencia del crucerismo o quizá porque cuando moceaba vio en la tele las peripecias del capitán Stubing, el sobrecargo Gopher y el Princesa del Pacífico surcando los mares hasta Puerto Vallarta, Margarita Robles –alias «la Pájara», según el presidente del Gobierno– está ... a punto de sumarse a Royal Caribbean Group, MSC Cruceros o Norwegian Cruise Line Holdings para convertir a la Armada Española en una especie de compañía de cruceros de ocio por el Mediterráneo. No cabe mirar de otro modo el que la fragata Cristóbal Colón, la más moderna y mejor dotada de la nuestra Marina de guerra, haya recibido la orden de no sumarse a la operación de protección del estrecho de Ormuz, por donde discurre el 20 por ciento del petróleo mundial y aún mayor porcentaje del gas. Y mira que Macron se esforzó en dejar claro, desde la cubierta de vuelo del portaviones atómico Charles de Gaulle, de que se trata de una «misión defensiva» para evitar el agravamiento de la crisis energética que ha derivado en la guerra contra los ayatolás abierta por Trump y Netanyahu. Ni por esas; el populista 'No a la guerra' de Moncloa se impone sobre la «misión defensiva» del Elíseo.
Ya es la segunda vez en menos de un año que cuando la cosa se pone seria –cuando, como dice el himno de la Armada, «ruja amenazas la ola»– una fragata española recibe la orden de darse la vuelta. Ocurrió en el grupo de combate formado para combatir a los hutíes del Yemen y vuelve a ocurrir ahora. Sin embargo, Robles –que al parecer, y siempre según Sánchez, «se acuesta con el uniforme»– mandó al patrullero Furor a escoltar a la flotilla-batucada por el Mediterráneo, acaudillada por Greta Thunberg y por la que desde entonces se conoce como Barbie Gaza, en su vertiente 'typical spanish'. Costó la broma un millón de euros... para nada, porque la supuesta ayuda humanitaria nunca iba a llegar a los gazatíes, todo lo más para conseguir llenar durante un mes los magacines televisivos de progreso de la sincronizada.
Todas estas misiones en zona de guerra (o quizá por como terminan convenga llamarlas 'travesías') no están pasando por el Congreso ante el temor de Pedro Sánchez a ir por lana y salir trasquilado, y que determinado despliegue se lo tumben sus simpatiquísimos socios del Frankenstein en la carrera de San Jerónimo. Por eso parece que ha ordenado a Robles que haga los fletes directamente, surfeando sobre un galimatías leguleyo ininteligible para sortear el obligado plácet del legislativo para mandar a la guerra a nuestros militares. 'La Pájara', pues, emprende vuelo rasante, a medio camino entre el Gila contando chistes en 1959 a los paracas en Sidi Ifni y los soldados del amor de Marta Sánchez en la primera guerra del Golfo.
