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Descentralización y autonomía regional: del discurso a la acción

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26.07.2026

Descentralización y autonomía regional: del discurso a la acción

Durante más de 200 años, Colombia ha pagado un costo enorme por el centralismo: decisiones tomadas a cientos de kilómetros de los territorios, inversiones concentradas en la capital y regiones esperando ser escuchadas. De este modo, el centralismo político-administrativo en el país ha generado dinámicas de exclusión y olvido hacia las regiones periféricas y apartadas del territorio nacional. Tan marcada es esta situación que gobernadores y alcaldes de departamentos y municipios ubicados en zonas costeras o fronterizas se ven obligados, durante cada periodo legislativo, a desplazarse hacia la capital para realizar gestiones de presión política —comúnmente denominadas ‘lobby’— en los pasillos de la Casa de Nariño o del Congreso de la República.

El objetivo de estas movilizaciones no es otro que obtener el beneplácito de una audiencia con el presidente en turno, con sus ministros o con los congresistas afines a sus causas, en un intento por visibilizar las necesidades de sus territorios y acceder a recursos que, en teoría, deberían distribuirse de manera equitativa y descentralizada. Sin embargo, en la práctica, la distribución de estos recursos hacia las zonas periféricas o apartadas de la capital es lento y excluyente. Por un lado, los gobernadores y alcaldes llegan a la capital con propuestas para proyectos y las necesidades que representan las demandas más urgentes de sus comunidades, por otro, los días de espera para lograr una reunión con el presidente o alguno de sus ministros acentúan la inequidad en el acceso a los recursos que permitan llevar a sus territorios el progreso, la transformación social y el desarrollo humano que tanto requieren.

Esta práctica, que se ha normalizado durante años, revela una contradicción profunda: mientras los gobiernos nacionales proclaman la equidad como principio rector de sus discursos, la ‘odisea’ que deben emprender alcaldes y gobernadores para conseguir atención y financiación evidencia todo lo contrario. Se trata de un ejercicio que refleja la inequidad, la exclusión y el olvido hacia aquellas comunidades que, paradójicamente, son visitadas constantemente en época electoral para asegurar los votos necesarios que sostienen la legitimidad del poder central. Es aquí donde surgen los cuestionamientos: ¿por qué las regiones quedan relegadas a un papel secundario, obligadas a mendigar atención y presupuesto, perpetuando las desigualdades históricas y limitando su capacidad de desarrollo autónomo, si en épocas electorales son instrumentalizadas como escenarios de campañas?

Por otra parte, el centralismo colombiano se ha........

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