Gobernanza y cohesión social
Gobernanza y cohesión social
Nos hemos planteado, en más de una oportunidad, la situación compleja que vive el sistema democrático en los tiempos actuales. Esto se debe no solo al aumento de responsabilidades que le hemos asignado, sino también a la relación que ha establecido con una ciudadanía cada vez más impaciente y no siempre responsable, la cual está cruzada por la influencia desinformadora de las redes sociales. Las «democracias indignadas» son el resultado de esta ecuación que, sin lugar a duda, dispone de otros ingredientes que hacen de la responsabilidad de gobernar una situación más que complicada para aquellos que asumen cargos de representación popular.
El diagnóstico ya está realizado. Cualquiera de nosotros que sea un seguidor habitual de los medios de comunicación, de lo que se comparte en las redes sociales e incluso de los resultados de las más variadas encuestas, tiene una imagen cercana al respecto. La lógica nos instala en la necesidad de que, para tener un gobierno relativamente estable y con proyección programática, los desafíos se orienten a generar condiciones de gobernanza y cohesión social.
Por gobernanza procuro explicitar una forma de gobernar que busca el equilibrio entre los actores más relevantes que se involucran en el juego democrático. En esta fórmula no pueden quedar fuera los ciudadanos, los empresarios y el gobierno, quienes tienen la responsabilidad de generar las condiciones que favorezcan dicho equilibrio. Esta lógica se separa de la visión tradicional de gobernar, en la que el poder estaba en un solo lugar; es decir, bajo la premisa de que el gobierno manda, dicta leyes y los demás actores acatan. La gobernanza entiende que es fundamental, para que un país funcione bien, que el gobierno genere puentes de cooperación con la sociedad civil y con el mundo privado.
Los cientistas políticos establecen que los pilares de una buena gobernanza se sustentan en la participación ciudadana más allá de los actos electorales, es decir, en abrir espacios para trascender la democracia representativa e instalarnos en una de carácter más participativo; la transparencia, entendida como el acto de «ver a través de» la información sobre el uso de los recursos públicos, las acciones de gobierno y la discusión legislativa; el consenso, que instala la premisa de que la búsqueda de soluciones debe procurar acuerdos amplios mediante el diálogo; la rendición de cuentas, para que las autoridades guíen su accionar de cara a la ciudadanía y recuerden que de allí emana su poder, siendo fundamental que expliquen y justifiquen sus actos; y, por último, la eficacia, orientada a que el poder político resuelva los problemas sociales de la mejor manera posible y sin una excesiva burocracia.
Por otra parte, la cohesión social se constituye como el........
