Una manera de habitar el mundo
Hay objetos que usamos toda la vida sin preguntarnos quién decidió que debían ser así, el espéculo es uno de ellos, es un instrumento médico sencillo, diseñado para exámenes ginecológicos, y su forma es tan conocida para quienes han pasado por una consulta que parece difícil imaginar que alguna vez alguien pudiera haberla cuestionado. Sin embargo, Caroline Criado Pérez cuenta en La mujer invisible una historia que, desde que la leí, no he podido dejar de pensar.
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Durante mucho tiempo, el diseño del espéculo permaneció prácticamente intacto, no porque fuera perfecto, sino porque la incomodidad de las mujeres que lo utilizaban parecía haberse convertido en parte natural de la experiencia del examen. El instrumento funcionaba y, por lo tanto, el problema parecía estar resuelto, dolía, era incómodo, pero había que soportarlo, era el cuerpo de las mujeres el que debía adaptarse al objeto y no el objeto el que debía preguntarse cómo adaptarse mejor al cuerpo nuestro.
Lo inquietante de esta historia no es solamente el instrumento, sino la forma en que una experiencia incómoda puede llegar a parecernos normal cuando se repite durante suficiente tiempo. Y entonces aparece una pregunta que para mí tiene mucho que ver con el diseño:
¿Cuántas cosas de nuestro mundo aceptamos simplemente porque siempre han sido así?
¿Cuántas cosas de nuestro mundo aceptamos simplemente porque siempre han sido así?
El diseño me ha atravesado toda la vida, primero fue una profesión, después una manera de investigar y enseñar y, con los años, entendí que también se había convertido en una forma de mirar. Porque diseñar es, antes que hacer, observar muy bien: cómo las personas se........
