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Estar en ‘Los recuerdos del porvenir’

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10.03.2026

En el club de lectura del que hago parte, y que ya he nombrado antes en este espacio, en donde nos reunimos todos los lunes a las 5:30 p. m., en El Café de Otraparte, este año iniciamos la lectura de Los recuerdos del porvenir de Elena Garro.

En esta ocasión no hablaré del general Rosas, ni de Julia o Isabel o Fito o los Moncada, Pardiñas o Felipe Hurtado. Hablaré de Margarita, Juli, Samu, Germán, Tere, Gladys, María Teresa, Gerar, Yesenia, Carlos, Susi, Maria, Emperatriz, Vicky, Kim, Manu, Libia, Moni, Malu y Santi, quien nos insistió que leyéramos a Elena Garro.

Tampoco hablaré de lo que tanto mencionan cuando hablan de la autora, de su importancia en el Realismo Mágico, de su sufrimiento, la invisibilización en la literatura latinoamericana que fue protagonisada y aún lo es por nombres de hombres, buenos y maravillosos, por supuesto, pero que también tuvieron responsabilidad en que nombres como los de Elena Garro se perdieran para el disfrute de muchas personas. Los recuerdos del porvenir ha sido una novela que para el club de lectura significó una serie de conversaciones profundas, sinceras, potentes, reflexivas.

Hemos leído muchos nombres, en su mayoría mujeres y toda la obra de Tomás González, pero este inicio de año con Los recuerdos del porvenir me ha conmovido, me ha llenado de una serie de pensamientos traídos de otros seres que se involucraron con esta historia.

Cada encuentro en estas sesiones nos llevó no solo a dimensionar la historia de la novela, nos trajo a la cotidianidad que hemos vivido durante tantos años, algunos más que otros, que son memorias para contextualizarnos a quienes quizá, no pasamos por las mismas razones la comprensión de lo que significa haber nacido en Latinoamérica, en países que han tenido que acontecer las diferentes formas de la violencia, de crecer con las mismas angustias y que por eso digo quizá, porque también, generación por generación, repetimos historias y como en una novela, cambiando los personajes, los escenarios, los acontecimientos, pero que al final, es un cuento que se repite.

Tener la posibilidad de elegir algo para leer, para encontrarse alrededor de un café, unas empanadas, una cerveza o aromática y manifestar tantas emociones que un libro trae, es un privilegio, más aún cuando afuera todo arte, todo se repite, todo es la misma angustia. Contar nuestras historias es fundamental, así las historias vengan de los años 50, 60, 70 o en la actualidad. Necesitamos narrar lo que hemos vivido, tener memoria e incomodarnos con ella.

“Estoy y estuve en muchos ojos. Yo sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga”.

“Estoy y estuve en muchos ojos. Yo sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga”.

En este viaje que tuvimos en el club, en una de las sesiones, Margarita y Tere nos compartieron un mapa con todos los personajes que iban apareciendo en la historia y aunque el número de personajes era alto, eso no impidió llevar el rumbo, entender los sucesos y compartirlos para complementar o entender mejor cada sucedo. También, por supuesto, como decimos en cada encuentro, por más que cada persona tenga en su mano el mismo libro, el mismo título, la misma autora, sin importar la edición, no leemos el mismo libro. Podría asemejarse a lo que mencionaba Heráclito:  

“Nadie se baña dos veces en el mismo río”.

“Nadie se baña dos veces en el mismo río”.

No solo agradezco haberme encontrado con esta novela, también agradezco que la hayamos leído en este espacio y a quien me lee, ojalá pueda acercarse a ella y tener un maravilloso viaje por una historia que merece ser leída, recomendada y conservada.


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