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Innovar, una disciplina colectiva

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28.02.2026

En Colombia todavía hay empresas que creen que innovar es lanzar un nuevo producto cada cierto tiempo, rediseñar un logo o subirse a la conversación digital del momento. Pero la verdadera innovación no es cosmética, es estructural.

Esa reflexión volvió a quedar sobre la mesa en la más reciente sesión del CUEES —el Comité Universidad, Empresa, Estado— articulado por la Comisión Regional de Competitividad en Santander. El equipo de la ANDI compartió experiencias concretas de organizaciones que han entendido que innovar es una cultura transversal.

La primera pista es clara: invertir en innovación. Innovar cuesta tiempo, talento y recursos. Pero no invertir cuesta mucho más. Las empresas que lideran sus sectores no lo hacen por azar; lo hacen porque destinan presupuesto a experimentar, a equivocarse y a volver a intentar.

El caso de Sura es ilustrativo. Detectaron un cambio cultural que muchos pasaron por alto: las mascotas dejaron de ser “animales de compañía” para convertirse en miembros plenos de la familia. Entender ese giro social implicó diseñar un portafolio específico para asegurar mascotas y crear Bivett, una cobertura total de atención. No se trató simplemente de ampliar una póliza; fue reconocer una transformación emocional en los hogares y responder con un modelo de servicio coherente.

La segunda pista es estar abiertos al cambio, incluso en lo que parece inamovible. Sofasa Renault decidió revisar un componente técnico aparentemente menor: el talco en las piezas plásticas de los vehículos, que pueden representar entre el 30% y el 40% de un automóvil. Lo fácil era seguir haciendo lo mismo. Lo difícil era preguntarse si había una alternativa más sostenible.

La respuesta no la encontraron solos. Y ahí aparece la tercera pista: crecer junto a otros. En alianza con el sector de los de cacaoteros, desarrollaron un proceso de investigación y desarrollo para sustituir el talco por un componente natural proveniente de la cascarilla del cacao, un subproducto históricamente residual. ¿El resultado? Ambiental y territorial. El automóvil reduce su huella, se valoriza una cadena agrícola y se genera innovación desde lo local hacia lo global.

La universidad aporta conocimiento, la empresa capacidad de ejecución y el Estado condiciones habilitantes, eso pretendemos en el CUEES. Cuando esas tres hélices se articulan, la innovación deja de ser discurso y se convierte en resultado.

La cuarta pista es la iteración constante. Ninguna de estas iniciativas nació perfecta. Innovar implica probar, ajustar, fallar, volver a probar. Implica entender que el mercado cambia, que las expectativas sociales evolucionan y que la sostenibilidad ya no es un accesorio reputacional, sino una condición de supervivencia.

Innovar no es un lujo, es una responsabilidad. Y quien no esté dispuesto a invertir, a cambiar, a colaborar y a iterar, terminará viendo cómo otros —más audaces y más abiertos— ocupan su lugar.


© Vanguardia