Pausa de afinación para un vuelo más alto
Hay terquedades que le hacen muy bien al alma, y la cultura en Santander es, por fortuna, una de ellas. Haber presentado casi todas las ediciones del Festivalito Ruitoqueño de música colombiana me otorga el inmenso privilegio de haber visto nacer, crecer y sostenerse a puro pulso uno de los encuentros más entrañables de nuestros aires, tradicionales, folclóricos y modernos. Por eso, tras una dura pausa de un año que a muchos de nosotros nos pareció un siglo entero, ver que el Festivalito vuelve a alzar el vuelo no solo reconforta el espíritu, sino que confirma que las convicciones verdaderamente profundas no se rinden jamás ante la intemperie.
Mantener viva una........
