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La Bolsa de Valores: entre el mito y el rezago

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A raíz de una columna reciente sobre una OPA, varios lectores me hicieron una pregunta de fondo: ¿qué es realmente la Bolsa de Valores de Colombia (BVC)? ¿Quiénes pueden entrar a ese “club”, por qué y para qué? Se cree, pues, que la BVC es solo para una élite financiera, especuladores o expertos. Y no es así. La Bolsa es una herramienta para que las personas construyan patrimonio invirtiendo en acciones y para que las empresas crezcan con disciplina y transparencia.

La BVC es un mecanismo súper poderoso de una economía para crecer. En Colombia aún no está consolidada (aunque algunos digan que sí). Lo racional sería que una gran parte de las empresas medianas y grandes coticen y busquen recursos para financiar su crecimiento en nuevos proyectos y no depender del sistema financiero. Pero no pasa. El empresario promedio ve su empresa como un patrimonio personal y prefiere no crecer para no perder el control, limitando su entrada a nuevos mercados. Muchas compañías no entienden su potencial y prefieren encerrarse en sus culturas anquilosadas.

¿Y cómo lo pueden hacer? Vendiendo parte de sus acciones a inversionistas nacionales y extranjeros o emitiendo bonos a corto y largo plazo, lo que les permite estructurar sus pasivos de forma más ordenada e inteligente. Eso es el mercado de capitales.

Del lado de las personas, alguien me dijo: “esa vaina (la BVC) parece una casa de apuestas”. Le pregunté por qué. Su respuesta, poco técnica pero honesta: “porque uno mete plata y no sabe si gana o pierde plata”. Aquí se entiende que el problema no es de ignorancia individual, sino cultural. La BVC no ha sido explicada ni democratizada como una herramienta básica de educación financiera desde el colegio. Nos gustan los rendimientos rápidos, pero la esencia de la Bolsa no es la inmediatez, sino la construcción de valor en el tiempo.

La realidad es contundente: en Colombia apenas cotizan 64 empresas en la BVC. En Chile son 437 empresas y en Brasil 415, sugiriendo que tienen un mercado de capitales mucho más profundo y dinámico. No es una diferencia marginal, es estructural. No tenemos un mercado pequeño. No estamos un poco atrás. Estamos muy rezagados.

La buena noticia es que existen herramientas para romper ese mito: plataformas digitales y aplicaciones que facilitan el acceso a la bolsa; Fondos de Inversión Colectiva (FIC) que administran el riesgo; comisionistas que nos asesoran para comprar y vender acciones; y alternativas de financiamiento como la emisión de bonos No hay excusas. El problema no es la bolsa. Es la falta de voluntad.


© Vanguardia