La ciudad en decadencia
Las ciudades no se deterioran de un día para otro. Primero pierden confianza, después oportunidades y, finalmente, capacidad de reaccionar. Por eso, la palabra “decadencia”, utilizada recientemente por el doctor Fernando Vargas Mendoza para referirse a Bucaramanga, debería entenderse menos como una provocación y más como una señal de alerta que empieza a encontrar eco en las calles, empresas, universidades y entre ciudadanos que alguna vez la miraron como una ciudad con vocación de liderazgo, que durante décadas fue reconocida por su dinamismo empresarial, capacidad de emprendimiento e influencia regional. Es ahí donde se tiene la obligación de preguntarse si conserva hoy la misma ambición de futuro.
El problema no puede medirse solamente en huecos, inseguridad, deterioro urbano o pérdida de competitividad. Es más........
