¿Desconectados?
El país real, ese que no está pendiente de la política, el que trabaja todos los días para sostener su familia y procura progresar con su esfuerzo, es la gran mayoría. Ese país donde más del 60 % se ubica en estratos bajos, donde las necesidades básicas escasamente se superan y conseguir un empleo digno es un gran logro, está desconectado de lo que piensan las élites políticas, los grandes medios de comunicación y en este momento… de los candidatos. Una mínima muestra con hombres y mujeres trabajadoras como la vendedora en la plaza, el vigilante, el profesor, el jardinero, el reciclador, la auxiliar, el cajero, la peluquera o la terapeuta nos indica que aún no han tomado la decisión y que realmente no les importa mucho.
“Diga Usted doctora ¿a quién le ayudamos? Nunca un político me ha cambiado la vida y no dependo de ellos para nada. Si no trabajo mi familia no come y no aspiro que la situación cambie. Cuando llegó este gobierno nos dijeron que nos íbamos a volver como Venezuela, pero eso no pasó y el Presidente arregló el problema con Estado Unidos. Eso del mínimo que parecía tan malo ahora todos lo apoyan y entonces ¿quién los entiende? En el mercado hay cartones de huevos baratísimos y en la calle encuentro bulto de limones a 10 mil. Todo sigue igual”. Estos son apartes de conversaciones que tuve esta semana, antes de escribir estas líneas con los personajes que comparto la vida.
Su contacto público más cercano sería el transporte, la salud o la seguridad, pero viven y trabajan sin parar, aunque Metrolínea haya fracasado y toque hacer fila en la EPS, porque siempre les ha tocado luchar para todo hace años. Su vida transcurre enfrentando su realidad y no es su prioridad las peleas o los enredos entre políticos, que en su concepto todos son corruptos. En cambio, otros segmentos de población que siempre estuvieron desconectados ahora están protagonizando eventos. Hoy en Cartagena se habla de reforma agraria y desarrollo rural, y no son ni los políticos ni los empresarios quienes exponen sino las comunidades rurales e indígenas, en un evento internacional.
Seguramente no hay una única causa de la desconexión, pero el peor error es desconocer que existe. Más del 50 % de la población no vota y muchos de los que votan a una semana no saben por quién hacerlo. Ese país real no vibra ni se entusiasma con peleas o promesas y por eso tenemos una abstención tan alta, lo cual es peligroso porque la decisión la toman unos pocos con motivaciones particulares. A falta del voto obligatorio, solo queda clamar por la responsabilidad de evaluar y decidir por nosotros mismos.
