El arte de no resolver
Hay diligencias que no deberían exigir mayor esfuerzo. Obtener una respuesta, conocer el estado de un trámite, saber dónde reposa un expediente o identificar la autoridad competente parecen gestiones propias de cualquier administración organizada. Sin embargo, con demasiada frecuencia ocurre lo contrario: lo sencillo termina convirtiéndose en una cadena interminable de escritos, derechos de petición, llamadas, correos, visitas y remisiones que no conducen a ninguna parte.
Lo más llamativo es que muchas veces el problema no radica en la complejidad del asunto, sino en la dificultad para encontrar a alguien dispuesto a asumir la responsabilidad de resolverlo. Una dependencia remite a otra. La siguiente responde que no le corresponde. La última asegura no haberlo........
