De la vida real
—¡Señora, se le queda el vuelto! —reaccioné con una sonrisa y unas muchas gracias. Una situación diferente afloró a mi mente, con la suficiente carga emocional para ser motivo de este, más que comentario, un triste testimonio que obliga a reflexionar sobre la honestidad. Ese valor humano que no se compra ni aparece por arte de magia, pero que bien inculcado multiplica sus ramas y se desdobla en decencia, respeto, integridad, justicia, compostura, cortesía, urbanidad, decoro.
Por ello lo cualifican como la clave de las relaciones sociales. Concierne a niños, adolescentes y adultos. Aunque si estos últimos no la inducen y tampoco la practican…
Penosamente nos rodean múltiples muestras de la proliferación de antivalores y........
