Cien pesos por una calle limpia
¿Cuándo se volvió normal que la basura forme parte del paisaje habanero? Contenedores rebosantes, desechos apilados en las esquinas y verdaderas montañas que invaden las aceras se han convertido en escenografía cotidiana, acompañada de hedor, moscas, mosquitos y roedores. Acostumbrarse a ese cuadro no lo hace aceptable.
Tampoco se trata de una novedad. Basta recorrer la ciudad para comprobar que el problema trasciende lo estético: compromete la salud y deteriora las condiciones de vida de quienes la habitan. ¿Qué otro nombre merece una urbe donde convivir con plagas es rutina?
La raíz está en un sistema de recogida incapaz de cumplir la frecuencia que exige una capital. Falta combustible para operar y escasean los repuestos que mantendrían en marcha a camiones hoy paralizados. Pero explicar no equivale a justificar: las carencias no deben servir de coartada para una gestión estatal que no logra........
