La bicicleta es un medicamento urbano: es hora de tenerlo en cuenta al diseñar nuestras ciudades
Durante décadas moverse por la ciudad se ha entendido como un problema de tráfico, tiempo y eficiencia. La nueva Ley 9/2025 de Movilidad Sostenible, en vigor desde el 5 de diciembre de 2025, introduce un interesante cambio de mirada. Plantea un enfoque poco habitual en las políticas de movilidad: tratar los desplazamientos urbanos como una cuestión de salud pública.
Así, caminar y pedalear pasan a formar parte de una estrategia colectiva de prevención. En este marco, la bicicleta deja de ser ocio o activismo: se convierte en un medicamento urbano, capaz de reducir la mortalidad, prevenir enfermedades y transformar el entorno de las ciudades.
Como consecuencia, pedalear ya no constituye solo una elección individual: es una intervención sanitaria con efectos colectivos medibles.
Lo novedoso no es que la bicicleta sea saludable, algo ya bien conocido y estudiado. Lo nuevo es que una ley estatal asuma su papel como herramienta de salud pública, esté integrada en la vida diaria y con un impacto poblacional.
La eficacia de la bicicleta reside en una doble acción. Actúa de forma simultánea sobre dos de los principales de agentes de la mortalidad evitable en las ciudades: la exposición a la contaminación atmosférica y la inactividad física.
La Agencia Europea de Medio Ambiente recuerda que la exposición a partículas finas PM2.5 se asocia cada año........
