Las claves fisiológicas del ‘olor adolescente’
¿Alguna vez ha entrado usted en el aula de un instituto en un cálido día de primavera? Si la respuesta es sí, es probable que recibiera el equivalente olfativo a una bofetada. Quizás tratara de disimular una mueca y tornarla en sonrisa, pensando que aquel olor era la manifestación de una revolución hormonal. Y tendría usted cierta razón… aunque solo en parte.
El origen de todo está sobre los riñones
Sobre los 8 o 9 años, la mayoría de los niños y niñas experimentan un proceso interno fascinante, conocido con el nombre de adrenarquia. Este fenómeno suele confundirse con el inicio de la pubertad. Aunque ambos son procesos totalmente independientes, la pubertad sí puede reforzar ciertos eventos iniciados con la adrenarquia.
En unas pequeñas estructuras endocrinas situadas encima de los riñones –las glándulas suprarrenales– madura su región más exterior y esta comienza a verter al torrente sanguíneo una serie de hormonas esteroideas, denominadas andrógenos suprarrenales. Se trata, entre otros, de la deshidroepiandrosterona (DHEA), la DHEA sulfatada y la androstenediona, sintetizadas a partir del colesterol. La actividad biológica propia de estas hormonas es bastante leve, pero pueden ser convertidas en andrógenos más potentes, como la testosterona o la dihidrotestosterona, en otros órganos como, por ejemplo, la piel.
La transición de la piel
Por un lado, los andrógenos promueven la maduración de los folículos pilosos en el pubis, región perigenital y axilas, donde el fino vello infantil es sustituido por otro,........
