Después de Artemis II, el gran reto es cómo asegurar la energía para vivir en la Luna
Durante décadas, imaginábamos que vivir fuera de la Tierra sería algo parecido a lo que mostraba la serie Los Supersónicos: un entorno limpio, automático y maravillosamente cómodo. Casas suspendidas en el aire, coches voladores, botones que lo resolvían todo y una tecnología tan perfecta que parecía no necesitar ni mantenimiento ni electricistas. Allí, el futuro era una mezcla de superficies brillantes y ninguna avería.
La Luna real, si algún día la habitamos de verdad, se parecerá poco a eso.
Después de Artemis II: colonia más que misión
Después del éxito de Artemis II, la conversación espacial ya no gira solo en torno a volver a la Luna, sino en torno a algo más difícil: cómo quedarse allí. El problema deja de parecerse a serie animada y empieza a asemejarse a algo mucho más terrestre: una infraestructura.
Suena poco glamuroso, pero la primera colonia lunar se parecerá más a una instalación crítica que a una fantasía futurista. En concreto, será algo más cercano a una urbanización con placas solares, baterías, consumos esenciales y miedo a que falle la instalación, que a lo que hemos visto en la ciencia ficción clásica. Porque una colonia no es una misión.
Una misión puede permitirse ser espectacular. Una colonia no. Una misión llega, cumple objetivos y regresa. Una colonia tiene que seguir funcionando mañana, pasado mañana y durante la noche lunar. Tiene que mantener soporte vital, control térmico, comunicaciones, iluminación, movilidad, robots, ordenadores y, con el tiempo, probablemente, también sistemas para extraer recursos y fabricar parte de lo necesario para seguir allí.
¿Electrificaremos la Luna como hemos electrificado la Tierra?
En una casa, un corte de luz fastidia. En la........
