Cómo educar con justicia: los derechos humanos desde el ámbito doméstico
“¡Eso no es justo!”, protesta Diana, de siete años. Su madre se sorprende de la intensidad de su indignación. “Nicolás ya eligió ayer qué serie vimos, hoy me toca a mí”. Desde muy pequeños, niños y niñas tienen un sentimiento innato e intuitivo de la justicia que se va reforzando en el día a día, con las situaciones y decisiones (y las argumentaciones para justificarlas) que tomamos los adultos.
Recibir una porción más pequeña de pastel, quedarse fuera de un juego o recibir un trato diferente en los juegos de grupo: todas estas situaciones despiertan en los más pequeños la noción de que algo no está bien, y la respuesta a una pregunta básica: ¿cómo debemos tratarnos unos a otros y qué significa que todas las personas tengan valor?
Explicar los derechos humanos a niñas y niños no requiere comenzar con artículos constitucionales, tratados internacionales o definiciones jurídicas: los niños comprenden mejor sus derechos cuando éstos se conectan con experiencias cercanas como son las relaciones familiares, los conflictos cotidianos, la convivencia escolar y las situaciones que suponen un reto o donde perciben injusticias.
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De grandes ideas a experiencias comprensibles
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