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Más allá de la conducta: las alteraciones del movimiento son las grandes olvidadas en el autismo

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13.10.2026

Jacob es un joven autista aficionado al fútbol. Siempre ha mostrado muchos problemas de coordinación motora (no sabe correr, no tiene buena coordinación entre el ojo y la mano), pero aprendió a jugar muy bien. ¿Cómo lo consiguió? Pasa mucho tiempo viendo jugadas de futbolistas famosos en videojuegos que después practica una y otra vez hasta reproducirlas de manera idéntica.

Lluís, otro joven autista, es un apasionado de los bailes de Michael Jackson. Tiene grandes dificultades para escribir un texto en línea recta y escribe en mayúsculas porque su letra es ilegible. Tampoco sabe saltar, pero se ha convertido en un imitador excepcional del cantante. ¿Cómo lo hizo? Al igual que Jacob, ve muchos vídeos y los repite paso a paso hasta reproducirlos exactamente.

Son solo dos ejemplos ilustrativos de los problemas que manifiestan muchas de las personas en el espectro del autismo. Sin embargo, no se tienen en cuenta a la hora de hacer el diagnóstico clínico. Hagamos un poco de historia.

El olvido histórico de la “torpeza”

El psiquiatra austriaco Leo Kanner observó en 1943 que varios niños autistas de su estudio eran “algo torpes” en la marcha y en las actividades motoras gruesas.

Un año después, Hans Asperger también observó que muchos niños diagnosticados con autismo presentaban problemas de coordinación motora. Esto afectaba al equilibrio y a la ejecución de diversas tareas motoras.

Sin embargo, ni Kanner ni Asperger consideraron estas características lo suficientemente importantes como para ser síntomas nucleares del autismo.

Cuatro décadas después, en 1989, I. Carina Gillbert contempló la torpeza motora como criterio........

© The Conversation