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El laboratorio escolar: un lugar fundamental para evaluar la competencia científica de niños y niñas

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16.09.2026

Un estudiante puede memorizar la ley de Ohm, resolver una ecuación y obtener una buena nota. Pero ¿sabe elegir el material adecuado, montar un circuito, medir sin alterar el sistema, detectar un dato extraño y explicar qué ha ocurrido? Para averiguarlo no basta con otro ejercicio escrito: hay que observarlo mientras trabaja.

Recuperar el laboratorio escolar no consiste, por tanto, en volver a una enseñanza del pasado: es una vía fundamental para enseñar y evaluar de forma más completa la competencia científica real.

Competencias invisibles

Más allá de conocer conceptos, la competencia científica consiste en ser capaz de formular preguntas, proponer hipótesis, diseñar procedimientos, controlar variables, registrar datos, interpretar resultados y construir conclusiones basadas en pruebas.

Es verdad que estas capacidades pueden aparecer en un examen. Por ejemplo, podemos pedir al alumnado que ordene los pasos de una investigación o que interprete una gráfica. Sin embargo, una prueba escrita ofrece una imagen incompleta, ya que no permite comprobar bien cómo toma decisiones ante un montaje que falla, cómo corrige una medición, cómo utiliza los instrumentos o cómo modifica una explicación cuando los datos contradicen su idea inicial.

La competencia científica se demuestra cuando somos capaces de conectar teoría y pruebas, formular hipótesis, mantener registros, controlar el experimento y justificar las........

© The Conversation