Del Doctor Octopus a la rehabilitación: cómo funcionan las interfaces cerebro‑máquina
Cuatro brazos mecánicos salen de la espalda de un científico mientras manipula material radioactivo con una precisión imposible. No utiliza mandos, joysticks ni botones. Controla su tecnología con la mente.
Cuando apareció por primera vez el Doctor Octopus en los cómics de Spider-Man y, más tarde, en el cine, aquello parecía pura fantasía tecnológica. La idea de fusionar mente y máquina se convirtió en un personaje de Marvel, capaz de transformar pensamientos en movimiento.
Lo más sorprendente es que esta tecnología existe hoy en día, pero tiene un uso muy diferente. En la actualidad, se desarrollan exoesqueletos que, como los brazos del doctor Otto Octavius, usan señales neurales para transformar la intención de movimiento del usuario en instrucciones para la máquina. Gracias a los interfaces mente-máquina (o BMI, siglas de Brain-Machine Interfaces).
Interfaces cerebro-máquina: invasivos o no invasivos
Las BMI utilizadas en muchos laboratorios son completamente no invasivas. La actividad cerebral se registra colocando electrodos sobre el cuero cabelludo mediante una gorra de electroencefalograma (EEG), sin necesidad de cirugía. Otro caso muy distinto son los interfaces invasivos, como el neurochip NEO recientemente aprobado en China o el implante Neuralink en cuyo desarrollo lleva décadas invirtiendo Elon Musk.
Los sistemas invasivos permiten registrar señales mucho más precisas directamente desde el cerebro. Gracias a ello, algunos pacientes con parálisis ya han logrado controlar cursores, escribir texto o manejar dispositivos digitales únicamente mediante la actividad neuronal. Sin embargo,........
