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“Ver” con la piel: el enigma visual de pulpos, sepias y calamares

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Un pulpo cambia de color en milisegundos y se mimetiza con el fondo rocoso. Una sepia despliega franjas iridescentes durante el cortejo. Un calamar transmite señales a sus congéneres, mientras permanece invisible para el pez que lo acecha a dos metros. Todo esto ocurre en animales que, según la evidencia acumulada durante décadas, solo son técnicamente capaces de ver en blanco y negro. El problema no es menor: si no distinguen los colores, ¿para qué los producen con tanta precisión?

Esta paradoja intriga a los biólogos desde los años setenta. Las respuestas que se van acumulando son más extrañas que la pregunta original.

Lo que sabemos con certeza: un solo pigmento

La base del asunto es simple y está bien establecida. Los ojos de los cefalópodos –pulpos, calamares y sepias– contienen un único tipo de proteína fotosensible, lo que, en términos clásicos, equivale a ver en blanco y negro. No hay debate sobre este punto. La retina de un pulpo tiene fotorreceptores con un solo pigmento visual, cuya sensibilidad máxima se sitúa en torno a los 490 nanómetros –el azul-verde– y nada más.

Los vertebrados percibimos el color porque tenemos tres tipos de conos, cada uno sensible a una longitud de onda distinta; la comparación simultánea de sus señales genera la percepción cromática. Los cefalópodos no disponen de ese mecanismo.

Los experimentos conductuales lo confirman: cuando se presentan a la sepia común (Sepia officinalis) objetos de distintos colores pero del mismo nivel de gris, los animales son incapaces de distinguirlos. Si pudieran ver el color,........

© The Conversation