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Las derechas y las izquierdas: todos quieren a Darwin en sus filas

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16.04.2026

Todas las civilizaciones tienen una cosmovisión característica. Los pueblos se desarrollan en un conjunto de creencias, supuestos y formas de interpretar la realidad que les sirven de referencias para entender la vida. Esto incluye tanto la forma de contemplar la naturaleza humana como la manera de concebir el orden social, los valores morales o las propias concepciones sobre qué es la verdad.

A veces todo da un vuelco y aparecen personas que revolucionan esta manera específica de concebir el mundo. Normalmente son filósofos, religiosos o políticos. En 1859 fue un científico el que puso patas arriba la cosmovisión de Occidente. Se llamaba Charles Darwin.

¿Por qué El Origen de las Especies levantó tantas ampollas?

La propuesta de que la selección natural era el mecanismo que explicaba la evolución fue una idea brillante. Dado que aún no se conocía la existencia de los genes, la intuición de Darwin fue muy meritoria. Aunque lo realmente rompedor no fue la hipótesis en sí sino lo que implicaba: que el ser humano dejaba de ser algo único y excepcional. Tumbaba de un plumazo nuestro ego con una idea revolucionaria: los sapiens ya no nos situábamos en el último peldaño de la escalera hacia una supuesta perfección.

Desde esta nueva perspectiva, los humanos éramos, tan sólo, una ramita del frondosísimo árbol de la vida, un animal más de la esplendorosa naturaleza donde todos compartíamos un mismo origen.

Con los años, esta osada apuesta pasó de ser la intuición de Darwin a una realidad constatada en el laboratorio. El descubrimiento del ADN demostró que todos los seres vivos estamos emparentados genéticamente. La vida estaba escrita con el mismo código para todos.

Genial para unos. Demoledor para........

© The Conversation