Una interpretación errónea de los efectos económicos del cierre del estrecho de Ormuz
En las últimas semanas prolifera un argumento que se repite con insistencia en los análisis geopolíticos y financieros sobre los efectos de la guerra en Oriente Medio: el cierre del estrecho de Ormuz provocaría la mayor crisis económica de la historia contemporánea.
Para sostenerlo, se recurre a una comparación aparentemente contundente. En 1973, la retirada de alrededor del 7-8% del suministro mundial de petróleo bastó para desencadenar una crisis económica global. Por tanto, si hoy el cierre de Ormuz retirase entre el 15% y el 20% del petróleo mundial —además de una parte sustancial del comercio de gas natural licuado—, las consecuencias serían necesariamente más graves.
A primera vista, el argumento parece lógico. En realidad, es conceptualmente equivocado. Confunde el detonante de una crisis con su causa. Y ese error conduce a conclusiones profundamente engañosas.
El embargo petrolero de 1973 fue un detonante importante. Pero hace tiempo que sabemos que no fue la causa profunda de la crisis que transformó la economía mundial en aquella década. La narrativa dominante ha simplificado tanto los hechos que ha terminado por distorsionarlos.
Tras la guerra del Yom Kippur de aquel año, varios países exportadores de petróleo redujeron su producción y limitaron las exportaciones a los países occidentales. El resultado fue -como he señalado- una reducción de aproximadamente el 7-8% del suministro mundial durante varios meses. Los precios del petróleo se multiplicaron y muchas economías desarrolladas entraron en recesión. A partir de ahí se instaló un fenómeno que hasta entonces parecía incompatible con la teoría macroeconómica dominante —la combinación simultánea de inflación elevada y estancamiento económico, conocida posteriormente como estanflación—.
Sin embargo, si se examina el contexto económico previo en el que eso se produjo, resulta evidente que los problemas y la gran crisis que se........
