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Entre la paz y el asedio: el desafío político de la Revolución Bolivariana

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17.02.2026

La historia del socialismo está constelada de gestos que definen una época. Cuando Iosif Stalin respondió a la propuesta nazi de intercambiar a su hijo Yakov por el feldmarechal Paulus diciendo: «No intercambiaré un soldado por un general», selló la ética del comunismo del siglo XX. Era la ética del sacrificio absoluto, de la sumisión del vínculo de sangre a la férrea disciplina de la lucha de clases global. Era el tiempo de la «dictadura del proletariado», donde la supervivencia del símbolo contaba tanto como el aguante del frente.

Era el tiempo de Bertolt Brecht, consciente de que quien había querido preparar el terreno para la amabilidad no había podido permitirse ser amable. El tiempo, después, de Frantz Fanon, que quería descargar el machete sobre la máscara del ”humanitarismo” colonial. Brecht vive la crisis del capitalismo entre las dos guerras y el ascenso del nazismo; Fanon vive el ocaso de los imperios coloniales. Dos generaciones distintas, pero unidas por la voluntad de usar la palabra y la acción para desenmascarar los mecanismos de la opresión, fuera esta de clase o colonial.

En la película Apocalypse Now, el protagonista Kurtz cuenta cuando, como oficial estadounidense, fue a una aldea para vacunar a los niños contra la poliomielitis. Después de que los médicos norteamericanos se hubieron ido, un hombre de la aldea corrió a llamarlos. Al volver atrás, encontraron un montón de pequeños brazos amputados: los Vietcong habían pasado y habían cortado el brazo a cada niño que había sido vacunado por los invasores.

Aquel acto terrible no era simple crueldad, sino un mensaje político absoluto: «No queremos nada de ustedes, ni siquiera la salud, si ella es el instrumento de su colonización». Kurtz queda impactado por la «pureza» de aquel odio y por la voluntad de acero de un pueblo que prefería la automutilación antes que aceptar el «don» del invasor. Y el Che Guevara luchó hasta la muerte para encender “uno, cien, mil Vietnam”.

El Socialismo del Siglo XXI, del cual Hugo Chávez fue el principal arquitecto, opera en cambio, desde su inicio, sobre un terreno ontológicamente distinto. Quien apoyó la revolución bolivariana, y más aún la “revolución ciudadana” en Ecuador o “la de los indígenas” de Evo Morales en Bolivia, sabía (o debería haber sabido) que no estaba apoyando al Vietnam de Ho Chi Minh, ni a la Cuba del Che Guevara, esa que hoy reivindica el “enviar médicos y no bombas”: incluso a gobiernos de derecha, como hemos en Italia.

Las cosas son así porque no ha habido revoluciones, o cambios radicales en Europa, ni en los países capitalistas donde se decide el costo del trabajo y se deciden las guerras imperialistas. Y donde a los guerrilleros derrotados, pero no rendidos, se les niega el derecho a la palabra.

En Venezuela, las palabras de Brecht o de Fanon ofrecen todavía las herramientas para desmontar las distorsiones producidas por la propaganda actual y por la “filosofía del fragmento”, pero en otro contexto histórico. Así, la unión cívico-militar de un ejército “pacífico, pero armado” es emparentada con la “guerra de todo el pueblo” de Ho Chi Minh, y el centenario de Frantz Fanon, Malcolm X y Lumumba es celebrado en nombre de un “nuevo........

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