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Sociedad civil: Coexistir en el desacuerdo, por Rafael UzcáteguiÂ

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21.02.2026

Sociedad civil: Coexistir en el desacuerdo, por Rafael Uzcátegui 

En Venezuela se repite con insistencia que la transición democrática exige la «unidad» de las fuerzas democráticas. Sin embargo, pocas veces se reconoce una realidad incómoda: el campo democrático está profundamente fragmentado y esa fragmentación no es un accidente ni una falla moral de sus actores, sino una consecuencia directa del autoritarismo.

Comprender cómo se produjo esta ruptura del tejido social —y cómo actuar políticamente desde el desacuerdo— es hoy uno de los principales desafíos para cualquier horizonte de redemocratización.

Como parte de su estrategia de dominación, los regímenes autoritarios, como el venezolano, inducen deliberadamente la desconfianza entre distintos sectores de la sociedad. La polarización interna, por tanto, no es solo un problema moral o político: constituye un efecto estructural de la ausencia de democracia.

Luego del fraude electoral del 28J, las autoridades iniciaron una campaña de «terrorismo de Estado», como fue calificada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que llevó a un nuevo nivel la fragmentación de los sectores de la sociedad civil.

Luego del fraude electoral del 28J, las autoridades iniciaron una campaña de «terrorismo de Estado», como fue calificada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que llevó a un nuevo nivel la fragmentación de los sectores de la sociedad civil.

Antes de esa fecha, el agotamiento por la duración del conflicto, la competencia por recursos escasos y la radicalización de identidades políticas habían transformado lo que antes eran espacios gremiales densamente articulados en tendencias dispersas, agrupadas como archipiélagos. La represión, que obligó al repliegue de los activistas, terminó de dinamitar la confianza y promover el aislamiento organizativo.

El repliegue tuvo así un efecto paradójico: si bien funcionó como mecanismo de protección frente a la represión estatal, también intensificó la segmentación del campo democrático. Los actores sociales comenzaron a interactuar principalmente con quienes compartían diagnósticos, estrategias o sensibilidades similares, generando circuitos cerrados de interpretación.

En estos entornos de alta homogeneidad, las percepciones sobre los acontecimientos políticos se reforzaron sin mediación, las narrativas se radicalizaron y las posiciones divergentes fueron percibidas crecientemente como amenazas antes que como interlocuciones legítimas.

En estas condiciones, las diferencias dejaron de ser únicamente estratégicas y comenzaron a adquirir un carácter moral. La distancia entre actores sociales se amplió no solo por lo que pensaban, sino por las intenciones que atribuían al otro.

El repliegue, por tanto, no solo redujo la capacidad de acción colectiva, sino que reconfiguró el modo en que la sociedad civil procesa el desacuerdo, transformando la pluralidad en fragmentación y........

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