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Del azufre al sándalo: el chavismo después de la épica, por Rafael Uzcátegui

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23.01.2026

X: @fanzinero

Uno de los núcleos duros de la identidad política construida por Hugo Chávez fue, sin duda, el antiimperialismo revolucionario, particularmente dirigido contra EEUU.

No se trataba solo de una posición de política exterior, sino de un dispositivo ideológico integral: organizaba el discurso, cohesionaba a las bases, justificaba el control interno y dotaba de sentido épico al proyecto bolivariano.

Hoy, luego de lo sucedido el 3 de enero, esa pieza central del relato bolivariano está cambiando. La relación funcional y cada vez más visible entre Delcy Rodríguez y el gobierno de EEUU no es solo un giro táctico: marca una transformación profunda del chavismo como movimiento sociocultural y como despliegue biopolítico de dominación.

Max Weber explicaba que algunos liderazgos políticos se sostienen en lo que llamó autoridad carismática: la creencia en cualidades extraordinarias del líder, más que en leyes o instituciones. Hugo Chávez fue, sin duda, un líder de este tipo.

Su antiimperialismo no era un simple discurso internacional: era un recurso para legitimar el poder, explicar la crisis, movilizar emociones y justificar decisiones autoritarias. Todo se organizaba alrededor de una frontera clara: pueblo vs. imperio.

La simpleza de su explicación sobre la causa de los problemas del mundo y de la propia Venezuela —consecuencia de la influencia malévola del Tío Sam— y del rol del «bravo pueblo» en enfrentarlo fue muy eficiente para popularizar el imaginario chavista en amplios sectores de la población.

Desde otra perspectiva, Antonio Gramsci diría que el chavismo logró construir una forma de hegemonía; es decir, no solo........

© Tal Cual