Parálisis institucional y prácticas imperiales, por Pablo Víctor Fontes y Víctor Cabral
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La política internacional funciona como una obra de teatro: organiza narrativas, define personajes y establece clímax, generando un diálogo permanente con su público. Esta dimensión imaginativa moldea las percepciones y guía formas específicas de comprender los conflictos armados. Mediante juegos de simulación y disimulación, se construye un horizonte interpretativo que legitima las prácticas, naturaliza las intervenciones y estabiliza las lecturas.
Es en esta relación entre palco, bastidores y público que se consolida un escenario marcado por la parálisis institucional, la regresión multilateral y la profundización de las prácticas imperiales, anclado en un derecho internacional corroído y selectivamente movilizado.
En primer lugar, se observa la inoperancia de organizaciones regionales, como la Unasur, incapaces de funcionar como una instancia autónoma de coordinación política y contención de conflictos. Paralelamente, presenciamos el vaciamiento del multilateralismo liberal posterior a la Segunda Guerra Mundial, reemplazado por una lógica de excepción, unilateralismo y uso discrecional de la fuerza.
Este proceso se ve agravado por la negativa de Estados Unidos a someterse al Estatuto de Roma, así como por la Ley de Protección de los Miembros de las Fuerzas Armadas Estadounidenses, que institucionaliza el excepcionalismo legal al impedir que los ciudadanos estadounidenses sean juzgados por la Corte Penal Internacional. Esto revela un sistema jurídico internacional jerárquico, profundamente asimétrico y alejado de cualquier universalismo efectivo.
En el ámbito nacional, Estados Unidos opera bajo un estado de excepción permanente. Si bien la Constitución prevé controles institucionales, la concentración de poder en el Poder Ejecutivo, sumada a la neutralización de los poderes Legislativo y de la Corte Suprema, vacía los mecanismos de pesos y contrapesos.
Se trata de una........
