Más allá de Trump y Delcy: claves del acuerdo petrolero, por Leopoldo MartÃnez Nucete
Más allá de Trump y Delcy: claves del acuerdo petrolero, por Leopoldo MartÃnez Nucete
En 1998, como apoderado de la mayorÃa de las fracciones parlamentarias del Congreso, presenté ante la Corte Suprema de Justicia uno de los informes que defendió la constitucionalidad del Acuerdo que autorizó los Convenios de Asociación para la Exploración a Riesgo de Nuevas Ãreas y Producción de Hidrocarburos del 4 de julio de 1995 –la llamada entonces «Apertura Petrolera»–. Pdvsa litigaba con Allan Brewer-CarÃas y Román Duque Corredor; la FiscalÃa y la AsesorÃa JurÃdica del Congreso, con Iván DarÃo Badell, Jesús MarÃa Casal y Carlos Leañez.
Llegué a ese mandato como asesor de la Comisión de EnergÃa y Minas, presidida por el diputado Ramón José Medina. Nuestra tesis: crear un vehÃculo jurÃdico para asociar capital privado a la actividad petrolera, preservando el control estatal sobre el recurso aun cuando no sobre la operación de producción, no equivalÃa a ceder soberanÃa y se enmarcaba en la norma constitucional desarrollada por el artÃculo 5 de la entonces llamada Ley de Nacionalización del Petróleo.
Entre los recurrentes estaban Fundapatria, presidida por Luis Vallenilla, Alà RodrÃguez Araque y Adina Bastidas, núcleo que respaldaba la naciente candidatura de Hugo Chávez. No lo lograron: en agosto de 1999 la Corte Suprema de Justicia declaró sin lugar todas las demandas.
Pero la historia premió a los perdedores con el poder polÃtico: al ganar Chávez la presidencia, Bastidas fue vicepresidenta; RodrÃguez, ministro de EnergÃa y luego presidente de Pdvsa. En diciembre de 1999 el paÃs tenÃa una nueva Constitución.
Desde esos cargos consumaron en 2007 lo que no lograron litigando –una Ley de Hidrocarburos que forzó la migración a empresas mixtas con control estatal mayoritario–. Chevron aceptó y permaneció como socio minoritario; ExxonMobil y ConocoPhillips no, y ganaron indemnizaciones mil millonarias en arbitrajes internacionales contra el Estado venezolano.
Desde esos cargos consumaron en 2007 lo que no lograron litigando –una Ley de Hidrocarburos que forzó la migración a empresas mixtas con control estatal mayoritario–. Chevron aceptó y permaneció como socio minoritario; ExxonMobil y ConocoPhillips no, y ganaron indemnizaciones mil millonarias en arbitrajes internacionales contra el Estado venezolano.
En 1996 producÃamos cerca de 3 millones de barriles diarios; la apertura apuntaba a superar los 5 millones. Ese plan murió con la inflexible estatización de 2007, y hoy Venezuela produce una fracción de lo que producÃa entonces.
Recuerdo esto para explicar que mi posición frente a la propuesta que hoy surge es expresión de coherencia en los conceptos jurÃdicos y polÃticos que se debaten de nuevo. Defendà entre 1995 y 1999 el mismo principio que defiendo hoy: un vehÃculo jurÃdico que asocia capital privado a la actividad petrolera, si existe una forma de control que permita preservar el interés del Estado sobre el recurso, no lesiona la soberanÃa nacional.
SoberanÃa no es mantener el petróleo bajo tierra. La confundimos por demasiado tiempo con control estatal absoluto, aunque ese control no produjera inversión ni........
