Gestos, actitudes, palabras y actos ejemplarizantes nefastos, por Manuel Alcántara
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Los tiempos que corren asumen una peculiar teatralización de la política. Si el ejercicio del poder siempre tuvo una fuerte dosis de escenificación del conflicto a través de diferentes mecanismos, hoy esto no puede ser diferente aunque las cosas se vean distintas. La mentira, el insulto, la deslealtad institucional, la ausencia de límites, el juego grotesco, el delirio, han conjugado habitualmente el panorama sin que no dejaran de estar también presentes las actitudes positivas que suponen sus facetas opuestas. Un contrapunto a menudo vigente. No obstante, es bien sabido que la visión negativa parece terminar siendo la predominante.
Los últimos tiempos han definido un marco de situaciones enfrentadas cuyo carácter ejemplarizante, cuando se correlacionaban con la actitud del público, ha sido evidente. Predicar con el ejemplo ha constituido un mantra muchas veces reivindicado y en pocas ocasiones seguido.
En la medida en que las formas de comunicación en tiempos de la gran revolución digital se trastocaron, la relación establecida por Niklas Luhmann entre continente y contenido se vio asimismo afectada. Los actores tienen hoy mecanismos de aproximación a las masas que son autónomos, inmediatos, directos y de alcance universal. Por su parte, como nunca, la gente consume vorazmente noticias segmentadas de duración mínima sin validar su origen ni contrastar el relato. El efecto es perverso y deforma cualquier tipo de orden político establecido. La superposición de todo ello establece un marco referencial donde lo exhibido cimenta gran parte de las pautas por las que camina la política.
Los ejemplos se acumulan y su digestión es ardua.
En diciembre, el vicepresidente de Bolivia........
