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Europa requiere dar un salto adelante en su gobernanza, por Arturo Araujo Martínez

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27.02.2026

Europa requiere dar un salto adelante en su gobernanza, por Arturo Araujo Martínez

En la Conferencia de Seguridad de Múnich, llevada a cabo hace escasos días, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, se mostró distante de las estridencias y patanerías de Trump y de su vicepresidente James David Vance.

El canciller norteamericano no dijo a Europa nada distinto de lo que ya constituye la agenda que discuten la mayoría de los líderes que gobiernan los países que la conforman, y sobre la que se están adelantando políticas concretas, algunas con más acuerdos que otras, pero ciertamente orientadas a corregir rumbos que están quedando atrás:

1. Despertar del sueño de que EEUU es un socio político, comercial y militar confiable

Los avances en la firma de tratados comerciales de la UE con Mercosur y la India; el significativo aumento del gasto y financiamiento en defensa; junto con iniciativas que buscan posicionarse como protagonistas importantes en el acontecer político global (Ucrania, Gaza, etc.), reflejan que Europa —a un ritmo y con una eficacia todavía insuficientes— no está ni quieta ni amarrada a los decires ni caprichos de la Casa Blanca.

2. Estar más prevenida sobre las amenazas que puede traer consigo una inmigración descontrolada e ilegal

La UE está ejecutando el llamado Nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo, que pretende ser una reforma de gran alcance en materia migratoria y que combina, entre otras, las siguientes medidas:

i) Adoptar mecanismos que garanticen un mayor control fronterizo y el retorno de migrantes. En diciembre de 2025 se aprobó el Reglamento de Retorno, que permite a los países de la UE crear centros de expulsión fuera del territorio europeo (modelo Italia–Albania).

ii) Acelerar los retornos de migrantes ilegales hacia países considerados seguros, según una nueva lista común: Marruecos, Colombia, Egipto, India, Kosovo, Túnez y Bangladés.

iii) Avanzar hacia la armonización del sistema de asilo y procedimientos más rápidos.

3. Reducir su dependencia energética del petróleo y gas rusos

En 2021, Rusia aportaba el 27% del petróleo crudo consumido por la UE; en el primer semestre de 2025 esta cifra se situó alrededor del 3%. Asimismo, la UE ha aprobado calendarios jurídicamente vinculantes que fijan la eliminación total del gas y petróleo rusos antes de finales de 2027.

En 2022, Rusia suministraba a la UE el 45% del gas consumido. En agosto de 2025, la cuota había bajado al 12%. Las importaciones de carbón ruso desaparecieron totalmente del mix energético europeo desde 2022.

4. Ver y asumir a Rusia como una amenaza imperial sobre sus territorios

Documentos confidenciales de instituciones europeas revelan un incremento de actividades hostiles híbridas rusas, incluyendo sabotajes, ciberataques, interferencias en procesos electorales y otros eventos políticos; incursiones aéreas con drones sobre Polonia, cazas sobre Estonia y otros territorios europeos.

La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, afirmó explícitamente en junio de 2025 que «Rusia ya es una amenaza directa para la UE», destacando su comportamiento «imperial» hacia países con los que comparte frontera.

Ese mismo año la UE presentó un plan de preparación militar ante un eventual ataque ruso a finales de la década, resaltando que «Rusia no tiene capacidad para atacar hoy a la UE, pero podría prepararse en los próximos años», subrayando que el peligro persistirá «incluso si la guerra en Ucrania termina».

El plan militar de la UE incluye: un muro anti drones en la frontera oriental; un escudo aéreo; vigilancia reforzada en el flanco este; desarrollo de capacidades de respuesta rápida ante intrusiones, entre otras medidas. Estas acciones constituyen la primera vez desde la Guerra Fría que la UE se planifica explícitamente ante un riesgo de agresión directa rusa.

El plan militar de la UE incluye: un muro anti drones en la frontera oriental; un escudo aéreo; vigilancia reforzada en el flanco este; desarrollo de capacidades de respuesta rápida ante intrusiones, entre otras medidas. Estas acciones constituyen la primera vez desde la Guerra Fría que la UE se planifica explícitamente ante un riesgo de agresión directa rusa.

5. Modificación y flexibilización de las políticas y metas ambientales

Se les está otorgando mayor flexibilidad y nuevos plazos:

i) En 2022 se reclasificó la energía nuclear como «energía verde» y el gas fósil como «energía azul / de transición». Esto abrió la puerta a la financiación verde a bajo costo y a inversiones europeas antes exclusivas para energías catalogadas como «sostenibles».

ii) Nueva orientación política en la que la UE ha reconocido en diversas comunicaciones la necesidad de reducir la carga regulatoria y promover una transición «más flexible y coordinada».

El mundo está cambiando a gran velocidad. Europa avanza más lentamente y requiere dar un gran salto en su gobernanza.

No obstante los cambios iniciados para acortar distancias respecto al protagonismo e influencia de EEUU, China y —en mucha menor medida— Rusia, y para alcanzar una «estatura» política y militar que le permita aspirar a ser un actor influyente en la construcción del nuevo orden mundial que otros están intentando edificar -a trancas y barrancas- tras reducir a escombros el anterior, Europa continúa siendo un continente paradójico con sus nada despreciables fortalezas y una importante potencialidad.

Con un mercado de 400 millones de habitantes, uno de los mayores poderes adquisitivos del mundo, la tercera mayor economía global —superada solo por EEUU y China y muy por delante de Rusia—, una mano de obra altamente calificada y con instituciones públicas y privadas sólidas, de primer nivel en materia tecnológica y científica, la economía europea posee uno de los mayores potenciales de desarrollo del planeta.

Lo paradójico es que, lejos de aprovechar su potencial, Europa corre un serio riesgo de quedar en la insignificancia si no asume los retos que tiene por delante.

Si bien Europa tiende a percibirse como una unidad, en realidad sigue siendo un conjunto de naciones con gobernanzas y realidades políticas, sociales y económicas distintas y complejas, no pocas veces enfrentadas entre sí, cuyas relevancias y destinos despiertan justificadas dudas.

Del informe de Enrico Letta, presentado en la primavera de 2024, y el de Mario Draghi, publicado en septiembre de ese mismo año se desprende que ninguno de los países europeos puede por sí solo protegerse militarmente, ni competir económicamente a nivel global, y mucho menos aspirar a ser un país políticamente influyente por sí mismo.

Ni siquiera ese gran logro que representa la Unión Europea (UE) —asociación política y económica formada por 27 Estados soberanos que cooperan para garantizar paz, prosperidad, estabilidad y derechos— puede sostener indefinidamente sus éxitos sin cambios profundos.

Aunque la UE es una organización única en el mundo, con instituciones comunes, leyes compartidas y un mercado integrado, está mostrando debilidades y signos de agotamiento que la están llevando a perder peso en el concierto internacional, mostrando vulnerabilidades frente a EEUU, China y Rusia.

Aunque la UE es una organización única en el mundo, con instituciones comunes, leyes compartidas y un mercado integrado, está mostrando debilidades y signos de agotamiento que la están llevando a perder peso en el concierto internacional, mostrando vulnerabilidades frente a EEUU, China y Rusia.

La raíz y causa mayor de la debilidad de Europa y la UE radica en que los países que las integran mantienen intereses particulares y visiones diferentes sobre el papel que deben desempeñar en el mundo y las alianzas internacionales que consideran más convenientes.

Eso hace que parezcan, ante la comunidad internacional, como entidades fraccionadas, débiles e incapaces de alcanzar avances comparables a los cambios avasallantes que se están produciendo en EEUU y China.

Sin una gobernanza común vinculante que integre decisiones económicas, industriales, de innovación y defensa, Europa no podrá competir en ningún campo.

*Lea también: Las tareas hay que hacerlas en casa, por Fernando Mires

La UE —y su futura ampliación— es hoy la gran esperanza para una Europa fuerte y unida. Para lograrlo debe tomar una serie de medidas que solo pueden funcionar si los países miembros ceden más competencias; lo que implica, en términos prácticos, avanzar hacia un modelo de gobernanza más centralizada, ágil, integrada, vinculante y libre del derecho a veto que hoy limita decisiones cruciales en mercado interior, política exterior, energía, mercado de capitales, uso del poder financiero colectivo, políticas industriales, defensa, materias primas estratégicas y tecnología avanzada.

No son pocos ni fáciles estos desafíos. Requieren decisiones difíciles, mucha diplomacia y asertividad. Ya se habla -y probablemente veremos- una UE que avanzará a distintas velocidades, donde unos países progresarán más rápido que otros en definir acuerdos y políticas que corrijan las raíces del rezago europeo y reduzcan sus vulnerabilidades ante EEUU, China y Rusia.

La UE —y con ella Europa— no están quietas ni aisladas; se mueven desde un presente convulso y amenazante hacia un futuro inminente, incierto y pleno de oportunidades y amenazas llamado «nuevo orden mundial».

La UE —y con ella Europa— no están quietas ni aisladas; se mueven desde un presente convulso y amenazante hacia un futuro inminente, incierto y pleno de oportunidades y amenazas llamado «nuevo orden mundial».

Los países, y muy especialmente los ciudadanos que conforman Europa y la UE deberán ser quienes definan su papel en un futuro atropellante. En su defecto, les guste o no, alguna de las grandes potencias lo hará por ellos.

Arturo Araujo Martínez es economista, exdocente de Economía de la UCV y empresario en activo. Fue director de Planificación Estratégica de Alimentos Polar; director de Industrias PMC. 

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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