El poder como espectáculo, por Luis Ernesto Aparicio M.
El poder como espectáculo, por Luis Ernesto Aparicio M.
El 15 de enero de 2011, Hugo Chávez presentó ante el Parlamento venezolano su mensaje anual. Más que un informe de gestión fue una representación; más que una sesión institucional, parecÃa una reunión de amigos.
La escena era conocida: tribuna fervorosa, consignas coreadas, aplausos que interrumpÃan el discurso y gráficos «garabateados» por el propio orador, como si bastaran para convertir afirmaciones en verdades incontestables. Las cifras ascendÃan en las pantallas mientras la retórica se deslizaba entre anécdotas, cuentos llaneros de tono personal, exageraciones y promesas reiteradas.
El paÃs real, sin embargo, era otro. La inseguridad avanzaba, la institucionalidad se erosionaba y las promesas estructurales —como la construcción de un sistema de seguridad social sólido, estable y sostenible— permanecÃan incompletas. La brecha entre la puesta en escena y la experiencia cotidiana comenzaba a hacerse evidente.
Pero aquel discurso no fue solo un episodio más de hipérbole polÃtica. Fue la consolidación de un estilo: la conversión de la rendición de cuentas en espectáculo. La gestión pública dejó de explicarse........
