Una izquierda subordinada a la petrochequera de Miraflores, por José R. López P.
Una izquierda subordinada a la petrochequera de Miraflores, por José R. López P.
Durante años, la izquierda ha enarbolado la defensa de los derechos humanos, la democracia, el antimilitarismo, la protección de los asilados y la justicia social como principios irrenunciables. Sin embargo, una parte significativa de esa misma izquierda mantiene una solidaridad injustificable y un silencio cómplice ante las atrocidades del régimen autoritario venezolano.
No se trata de un desliz coyuntural ni de una interpretación errada y pasajera, sino de una conducta sostenida durante casi tres décadas, pese al progresivo deterioro institucional, económico y humanitario que ha devastado al paÃs y obligado a millones de ciudadanos a emigrar.
Ante una realidad tan dramática y ampliamente documentada, la reacción ha sido reiterada: minimizar los abusos, relativizar las violaciones de derechos humanos y encubrir los fracasos bajo consignas ideológicas. Venezuela dejó de ser un debate ideológico abstracto para convertirse en el reflejo crudo de una tragedia social y polÃtica palpable.
Frente a este drama, importantes sectores de la izquierda tarifada internacional han desempeñado un papel de complicidad activa, priorizando beneficios y cuotas de poder por encima de los principios y banderas que supuestamente deberÃan defender. Resulta insostenible, si no moralmente obsceno, seguir hablando de «proceso revolucionario», «paÃs bloqueado», «revolución asediada» o «trinchera antiimperialista».
El bolivarianismo no es un proyecto revolucionario y mucho menos antiimperialista: es un proyecto autoritario de impronta fascista que reprime, y tortura a la disidencia polÃtica y a los trabajadores, socava la libertad de expresión y ha convertido la justicia en una herramienta de coacción y castigo.
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