La Pax Trumpeana, por Gustavo J. Villasmil Prieto
La Pax Trumpeana, por Gustavo J. Villasmil Prieto
La Pax Romana de Augusto el 27 a.C no fue desinteresada: por el contrario, fue impuesta por un orden imperial que exigió la sumisión de las periferias. Decretada tras el fin de las sangrientas guerras civiles republicanas, se fundamentó en la centralización del poder militar y la pacificación forzosa de las provincias.
Bajo el manto de tal estabilidad, Roma garantizó el flujo ininterrumpido de tributos, esclavos y recursos hacia el centro del imperio.
Copiosa acumulación de capital permitió hacer – afirmo una vez Suetonio- de la tosca villa de ladrillo de los tiempos de Tarquino esa magnÃfica ciudad de mármol de los césares cuyas ruinas aún nos causan admiración.
La historia parece que se repite. La Pax Trumpeana impuesta a Venezuela – estrategia de intervención contÃnua disfrazada de tutela democrática y de arbitraje internacional – persigue la instauración de un orden favorable a los intereses geopolÃticos y corporativos de Washington, con Donald Trump actuando como el nuevo Augusto global.
Nadie con un mÃnimo de lecturas sobre historia hispanoamericana deberÃa sorprenderse mucho por eso. Loa americanos son asÃ. Siempre lo han sido. Lo de meterse en todos los patios buscando gallinas ajenas está en su naturaleza.
Nunca ha faltado quien salude tales lances: recuerdo a cierto empresario venezolano, al que no dudé en mandar largo al carajo hace unos años, que consiguió hastiar a un gentÃo con su devoción trumpeana, inundando los teléfonos de la gente con muñequitos con la imagen del obeso 47º presidente.
Mientras la retórica justificadora de la intervención americana se centra en temas como el de las licencias petroleras y la minerÃa, poco se dice de la realidad material del paÃs en el que la persistencia de los problemas básicos de la población, el colapso de los servicios públicos, el sufrimiento de los ciudadanos y la fractura del tejido social se profundizan.
Mientras........
