La patria rota, por Gustavo J. Villasmil Prieto
La patria rota, por Gustavo J. Villasmil Prieto
MediodÃa del 5 de julio de 1811, capilla de Santa Rosa, en Caracas. El Congreso Constituyente se convocaba para votar la proclamación de la independencia y de la república en Venezuela. La idea inicial era hacerlo el dÃa anterior, para que coincidiera con la efeméride de la Independencia de las 13 colonias inglesas de Norteamérica. No se pudo. El acuerdo no llegarÃa sino hasta el dÃa siguiente.
La solemnidad de la fecha contrasta de forma grotesca con una realidad inclemente de un paÃs que, literal y metafóricamente, se cayó a pedazos. El crujir de sus instituciones deliberadamente demolidas en un cuarto de siglo y el colapso de su infraestructura material se entrelazan hoy en un escenario de ruina que desmiente cualquier narrativa patriotera.
El suelo de la patria cede. Los mandamases mandan hoy más que nunca, ahora con la anuencia de Washington. Entre tanto, el resto de la llamada «clase polÃtica» juega a dirigir los destinos nacionales desde confortables exilios y conciliábulos como el de Panamá. En «la zona cero» del desastre, nadie, salvo los dolientes apoyados por la generosidad de otros paÃses.
Es la patologÃa de la ambición venezolana: todos quieren ser, todos reclaman para sà el cetro del liderazgo, solo que en la praxis ninguno es. Son solo cascarones vacÃos disputándose los despojos de una nación moribunda. Porque en Venezuela «nadie está en su puesto», como bien decÃa Briceño Iragorry. Levantar escombros no posiciona: «pescuecear» en las redes, sÃ.
La única figura polÃtica con legitimidad incontestable en esta hora aciaga, MarÃa Corina Machado, no puede regresar para consumar su mandato histórico. No puede venir; y no porque le falte audacia, sino porque los hilos de la alta geopolÃtica global han sido tensados de forma criminal en su contra.
La única figura polÃtica con legitimidad incontestable en........
