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La carta de Maduro: lo ab-zurdo, por Enrique Ramón Díaz

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10.04.2026

La carta de Maduro: lo ab-zurdo, por Enrique Ramón Díaz

Correo: [email protected]

Un pensamiento absurdo sería fácilmente reconocible por lo injusto o perjudicial de sus actos; y como en cualquier revolución de izquierda (o zurda), termina siempre en miseria y dolor. Entonces, el problema no es pensar de forma ab-zurda sino la consecuencia de vivir así.

De ahí, la necesidad de no quedarse en la experiencia vivida ni mucho menos en aquel resentimiento que culpa a los demás del propio fracaso, y que los revolucionarios convierten en mecanismo de venganza; particularmente, contra quienes han logrado superarse por esfuerzo propio y no piensa igual que ellos.

De este modo se entiende el caso de aquellos «habladores sin provecho» que, hinchados de poder, maltratan por razones políticas y llegan a comprender lo humano cuando el maltrato se le revierte. Y, aun así, en términos cristianos es legítimo renacer o ver de otra forma la vida, pero, bajo una sinceridad espiritual en la que el corazón habla del respeto mutuo y del buen trato a los demás.

En este sentido, permítase decir que, en la conversión del camino del mal a la causa del bien hay ejemplo de personas muy destacadas; como Saulo de Tarso quien pasó de temido a ser adorado como San Pablo y venerado por sus cartas evangelizadoras, entre ellas la «Segunda a los Corintios».

Ahí, (en 1:4, 7:10, 8:21), se ilustra la necesidad de que un converso —o arrepentido— pida para el otro el mismo consuelo que pide a Dios y que exprese una tristeza piadosa por la que reconoce sus abusos y deseos de corrección; no solo ante lo divino sino también ante la sociedad que defraudó.

Bajo estos preceptos viene a cuento la carta de Nicolás Maduro donde se lee: «Que Venezuela sea casa de oración, casa de respeto, casa de encuentro. Que limpiemos el corazón del odio, de la división y del egoísmo, y abramos paso al perdón, a la reconciliación y a la paz» (Fuente: El Nuevo País de España).

Bajo estos preceptos viene a cuento la carta de Nicolás Maduro donde se lee: «Que Venezuela sea casa de oración, casa de respeto, casa de encuentro. Que limpiemos el corazón del odio, de la división y del egoísmo, y abramos paso al perdón, a la reconciliación y a la paz» (Fuente: El Nuevo País de España).

Ahora bien, comencemos por entender que, lo que es propio de un buen cristiano en el caso de Maduro es un ab-zurdo; dado que, esas palabras no son más que un disfraz de quien tiene la soga al cuello como un presidiario cualquiera que estaría viviendo una agonía similar a la del pueblo.

Un pueblo al que, durante 27 años, tú y tu padre Hugo Chávez, oprimieron, vejaron, persiguieron, secuestraron, desaparecieron, encarcelaron, exiliaron y desvivieron a tantos inocentes; pero, aun así, no pudieron derribar ni destruir la fortaleza genuina del venezolano.

Y ¿sabes por qué Maduro? Porque ese Dios que ahora invocas, y que en su amplitud amorosa también escucha a un tirano —como tú—, fue el mismo que nos protegió, que nunca nos abandonó —en nuestra causa justa—; y desde un plano espiritual, luchó contra tu misma tiranía.

Empero como además dices, en otro apartado: «Que nadie calle la verdad, que nadie calle la esperanza, que nadie calle la fe de un pueblo que confía en Cristo y que sabe que Dios acompaña a los humildes, a los que perseveran y a los que no se apartan del camino del bien» (fuente: Prensalibre.com/internacional); entonces, te recuerdo que la verdad que hoy reclama el pueblo de Venezuela es la de una verdadera justicia, la misma que tú corrompiste, y que seguro vendrá con unas autoridades legítimas en un nuevo gobierno.

Sin embargo, «Nico», hay algo que comparto contigo, y es eso que dice: «Que nadie calle la verdad»; sí, en las calles donde hubo colas interminables para comprar una ración de alimento, gasolina, etc., y donde por cierto murieron muchas personas mayores.

*Lea también: Persiste la misma pregunta, por Fernando Luis Egaña

Sí, no podemos callar sobre el joven Rufo Chacón (16 años) quien, por exigir una bombona de gas doméstico para su madre, quedó ciego tras recibir disparos de perdigones en el rostro. Sí, que nadie en las calles del mundo calle tus innumerables abusos y, sobre todo, la pregunta, ¿por qué te robaste las elecciones Nicolás?

Sí, no podemos callar sobre el joven Rufo Chacón (16 años) quien, por exigir una bombona de gas doméstico para su madre, quedó ciego tras recibir disparos de perdigones en el rostro. Sí, que nadie en las calles del mundo calle tus innumerables abusos y, sobre todo, la pregunta, ¿por qué te robaste las elecciones Nicolás?

Empero, ya sé que tu respuesta es no, y siempre no, porque «tu verdadero dios es la negación» de todas las maldades revolucionarias.

De ahí, la vigilancia cuidadosa sobre aquellos que tanto vociferan a Dios —en vano— mientras lo niegan con sus actos.

La imagen de portada fue creada con IA

Enrique R. Díaz es doctor en Educación y autor del libro, “Bio-Eco-docencia: Dialógica, Pedagogía y Política”.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo 

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